Editorial ABC

Venezuela, sucursal de la Cuba castrista

Que Maduro esté apoyado sobre todo en el equipo de asesores de la dictadura cubana es precisamente uno de los síntomas que confirma que ni siquiera en este ámbito se atreve a confiar plenamente en los venezolanos

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Nicolás Maduro nunca podrá alegar que ignoraba la situación real de su país cuando, con sus atrabiliarias políticas, lo estaba destrozando. A pesar de hacer todo lo posible por silenciar o someter a los medios de comunicación independientes, el dictador no puede ignorar el calvario que está infligiendo a sus compatriotas, ni los medios que utiliza el régimen para perpetuarse. Las revelaciones que hoy publica ABC muestran que incluso dentro del régimen y en el núcleo duro de sus servicios de seguridad hay cada vez más voces que le indican que camina inevitablemente hacia el abismo y que, incluso para intentar salvar lo que queda del chavismo, necesitaría rectificar cuanto antes.

Los testimonios desvelados en la sección de Internacional ponen de manifiesto que hasta aquellos que rodean a Maduro son ya conscientes de que lo que está haciendo el aparato de seguridad chavista, esencialmente el Sebin, no son más que labores criminales de extorsión y tortura contra cualquier disidencia, y que todos los planes para ignorar el respeto a la institucionalidad constitucional no serán nunca reconocidos por la comunidad internacional.

Que Maduro esté apoyado sobre todo en el equipo de asesores de la dictadura cubana es precisamente uno de los síntomas que confirma que ni siquiera en este ámbito se atreve a confiar plenamente en los venezolanos. En los casi veinte años de régimen bolivariano, Cuba ha establecido una sólida red estratégica en Caracas y es evidente que hará cualquier cosa para evitar perderla, incluso en el caso de que fuera la continuidad de Maduro lo que pudiera poner en peligro sus intereses. El problema es que si a la dictadura cubana no le interesan los cubanos, aún menos los venezolanos.