Vencedores: Merkel y el Partido Liberal

Thomas Klau
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Ha sido una campaña electoral increíblemente sosa, pero el resultado es cualquier cosa menos eso: Angela Merkel seguirá siendo canciller, pero ahora puede deshacerse de la molesta alianza con los socialdemócratas y gobernar con una mayoría conservadora-liberal que no gobernaba en Alemania desde los años noventa.

Los liberales, que han basado gran parte de su atractivo electoral en un mensaje de rebajas de impuestos, han obtenido el mejor resultado de su historia. El éxito del Partido Liberal constituye un triunfo personal para Guido Westerwelle, su indiscutible líder, que ahora es candidato a convertirse en el próximo ministro de Asuntos Exteriores.

Pero el resultado más sorprendente de las elecciones tal vez sea la hecatombe de los socialdemócratas. El SPD no sólo ha sido expulsado del Gobierno federal tras 11 años en el poder, sino que además ha cosechado el peor resultado en la historia de posguerra de Alemania. Su derrota se debe en parte al éxito de Die Linke, el partido de extrema izquierda que se ha establecido como la quinta fuerza en la política alemana. Aunque la perspectiva de una alianza entre la CDU y los liberales debería anunciar cuatro años de estabilidad, el éxito de Die Linke enfrenta a Alemania con la posibilidad de un complejo sistema de cinco partidos, de los cuales tres (el SPD, Die Linke y los Verdes) compiten por el voto del centro-izquierda.

Como la imagen y el mensaje de Westerwelle hasta la fecha han sido los de un político comprometido a la hora de abordar las cuestiones de política económica, sus primeros pasos en política exterior se seguirán con gran interés. Merkel y él se conocen muy bien de la época que pasaron juntos en la oposición, y la química entre ellos es buena. Es poco probable que las cuestiones de política exterior den lugar a roces. Westerwelle, un fan declarado del presidente estadounidense Barack Obama, apoya la presencia alemana en Afganistán y ha afirmado su respaldo a los dos pilares principales de la política exterior alemana: el compromiso con la integración europea y las relaciones transatlánticas.

Lo que queda por ver es si conseguirá más cosas en los próximos cuatro años que la competente gestión de su predecesor, Frank-Walter Steinmeier.

Westerwelle se ha esforzado lo indecible en los últimos meses para demostrar su afinidad con su gran predecesor liberal, Hans-Dietrich Genscher, el inmensamente influyente ministro de Asuntos Exteriores de Alemania desde 1974 hasta 1992. Genscher ayudó a escribir la historia en muchas ocasiones y fue el catalizador de avances decisivos en la integración europea, como el euro. Durante los cuatro años en el poder de la incómoda gran coalición, Alemania se ha centrado más en los asuntos internos, por lo que ha perdido parte de su influencia como uno de los grandes Estados miembros de la UE.

El éxito de los liberales implica que Westerwelle se ha propulsado de la escena nacional a la europea y global. Su posición y su prestigio se verán determinados en gran medida por su ambición y su éxito a la hora de proseguir la labor de Genscher y de Joschka Fischer y de actuar como un innovador dinámico en la política europea.

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