Vascos

J. J. ARMAS MARCELO
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Durante unos años, en una valla enorme de Sanlúcar de Barrameda, cerca de La Jara, una pintada humorística firmaba sentencia de una sensación generalizada en toda España: «¡Vascos: qué raros seis!». Eran los años de plomo, los años de los crímenes cotidianos de ETA, los años de la euforia nacionalista. Arúspices hubo que señalaron la inevitable «pérdida» del País Vasco. Hubo expertos que señalaron la deriva irremediable hacia la secesión, de mano del PNV, en pacto con el mundo abertzale. Hubo pesimismo y entreguismo. Hubo errores políticos. y un estereotipo que se daba por «intocable»: era imposible gobernar Euskadi sin el PNV en el poder. Ahora me acaban de preguntar unos españoles en Beijing, China, qué cambios profundos veo yo en los cinco años del gobierno socialista de Zapatero. Contesto que sólo uno: que ya los vascos no son raros y que el dogma del PNV como partido necesariamente gobernante ha saltado por los aires. Y lo más sorprendente de todo: ha sucedido sin que ocurra nada. Se ha roto en mil pedazos la línea de flotación un tanto lampedusiana del PNV: cambiar todo para que nada cambie (y PNV siempre en el poder). Al contrario: ha sucedido todo, todo el gobierno ha cambiado, sin que pase absolutamente nada. Cuanto parecía que sólo lo provocaría un milagro imposible, lo han llevado a cabo las voluntades políticas de quienes vienen obligados a enderezar el rumbo político de todo el país, no sólo el del Euskadi. Pero, sí, lo sucedido en el País Vasco es un ejemplo a seguir en tiempos de crisis, decepción ideológica y pesimismo creciente. ¿Nada más encuentras en los gobiernos de Zapatero digno de salvación?, me preguntan. "No mucho más. Pero los vascos nos han enseñado que todo se puede en política. Si se quiere, se puede...", contesto sin dudar.