Vamos a liberar Iraq

Por COLIN POWELL. Secretario de Estado de EE.UU.
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NI la guerra ni la fuerza han sido nuestra primera elección. Hemos dado todas las oportunidades a la diplomacia. Hemos trabajado duramente para no tener que aplicar la Resolución 1.441 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, que daba a Sadam Husein una última oportunidad para desarmarse pacíficamente, pero también se establecía claramente en esa resolución y en la votación por 15-0 que si esta vez no aprovechaba la oportunidad, si no la acataba, habría serias consecuencias. Y esas consecuencias se están cumpliendo ahora. Así que le advertimos que reuniríamos una gran fuerza armada a lo largo de sus fronteras, para hacerle ver que esta vez la comunidad internacional hablaba en serio. Pero Sadam desdeñó esa solución final y, después de 12 años de desafío y de engaño por parte de Iraq, no podíamos esperar más tiempo. No obedeció. No cooperó. Y la cuestión era el cumplimiento, no más tiempo para los inspectores ni más inspectores.

Y debemos estar muy orgullosos de que existan líderes valientes y enérgicos, como George Bush y Tony Blair, el Presidente Aznar, el Primer Ministro Berlusconi, el Primer Ministro Howard y tantos otros en esta espontánea coalición. A esta coalición se han asociado abiertamente 49 naciones. Todas ellas con unos líderes a la cabeza que han tenido que ir en contra de la opinión pública, porque nadie desea la guerra. Todo el mundo querría evitar la guerra. Nosotros hicimos todo lo posible por evitar la guerra. Pero estas 49 naciones y sus líderes se juntaron y decidieron que el mundo tenía que deshacerse de esas armas de destrucción masiva. Y que no haya duda de las consecuencias. Expulsaremos a Sadam y a su régimen del poder. Vamos a liberar Iraq.

Vemos muchas cosas en la televisión y leemos en los periódicos muchas cosas sobre el curso de la guerra. Hay comentarios para todos los gustos. Pero sólo llevamos dos semanas de guerra. Bagdad está siendo rodeada poco a poco. Las bolsas de resistencia están siendo aisladas. Los campos petrolíferos están seguros. La ayuda humanitaria está empezando a llegar. Tengo total confianza en el plan y total confianza en el General Franks y en los demás líderes que están llevando a cabo ese plan. Pero la victoria significa algo más que expulsar a Sadam del poder. También significa dar esperanza y un futuro mejor a 24 millones de iraquíes, después de décadas de opresión y de desgobierno. Y ya estamos empezando a ayudar a los iraquíes necesitados. Estamos llevando agua a la gente sedienta. Estamos limpiando los puertos de las minas de Sadam, de modo que podamos enviar allí barcos con alimentos y medicinas para distribuirlos entre los hambrientos y los enfermos. Y, una vez que hayan sido liberados, trabajaremos con los iraquíes para ayudarlos a crear un país pacífico, democrático y unido, que viva en paz con sus vecinos. Les ayudaremos a construir una nación que utilice su gran riqueza petrolífera para mejorar la vida de las madres y de sus hijos, no para desarrollar terribles armas o salpicar el territorio de lujosos palacios.

A la vez que liberamos al mundo de la amenaza iraquí y nos enfrentamos a esta crisis, estamos trabajando para afrontar los otros desafíos que se nos plantean en los albores de este nuevo siglo. Hace más de un año y medio, tuvieron lugar los cobardes ataques del 11-S, y un año y medio después seguimos en guerra contra el terrorismo. En Afganistán continúa la lucha para destruir los últimos vestigios de Al-Qaeda y de los talibanes. Aún sigue siendo un lugar peligroso. Precisamente la última semana perdimos allí dos soldados. Esa guerra no se ha olvidado. Los dos soldados no murieron en combate, sino en una emboscada que les tendieron cuando estaban inspeccionando una escuela y un hospital, que estaban siendo construidos con fondos estadounidenses. Y nosotros lloramos su muerte y nuestros pensamientos están con sus familias.

Pero hemos logrado mucho en Afganistán en el último año y medio. Hemos levantado un nuevo Gobierno, un Gobierno comprometido con los derechos de toda su población, un Gobierno que está dando a las mujeres paso al mundo laboral y al mismo Gobierno. Así que se están haciendo muchas cosas buenas en Afganistán y en otras partes del mundo, y estamos trabajando duramente en esta campaña contra el terrorismo. Con los kurdos del norte de Iraq estamos sacando de sus cuevas a los amigos de Al-Qaeda, los terroristas de Ansar Al-Islam. Que no haya duda alguna. Perseguiremos a Al-Qaeda y a sus cómplices en Afganistán, en Iraq y en todos aquellos lugares donde maquinen sus asesinatos. En todo el mundo estamos trabajando con los miembros de la coalición para buscar a los terroristas, destruir sus redes y encontrar sus fuentes de financiación. Todos los días se detiene a algún terrorista y se le lleva ante la justicia. No habrá descanso, ni respiro, ni reposo hasta que los terroristas hayan sido vencidos. Nunca olvidaremos lo que nos hicieron el 11 de septiembre, y haremos todo lo que sea necesario para derrotar a los responsables de ello.

Como parte de nuestra estrategia global para la lucha contra el terrorismo y el castigo a los Estados que no sigan pautas aceptables de comportamiento, reclamamos un tratamiento más responsable a esos Estados, especialmente a los que se encuentran en la región. Ahora es el momento para que toda la comunidad internacional dé un paso adelante y exija a Irán que deje de apoyar a los terroristas. Teherán debe dejar de buscar armas de destrucción masiva y el modo de distribuirlas. Además, continuaremos apoyando las aspiraciones del pueblo iraní de mejorar su vida y de vivir en paz con sus vecinos y en un ambiente seguro. También Siria se enfrenta ahora a un grave dilema. Siria puede continuar apoyando directamente a los grupos terroristas y al agonizante régimen de Sadam Husein o puede tomar un rumbo diferente y más esperanzador. En ambos casos, Siria tendrá la responsabilidad por su elección y por las consecuencias que ésta tenga.

Estos son asuntos serios y realidades serias. Vivimos tiempos difíciles que obligan a reflexionar. Pero yo soy el eterno optimista. Y, cuando pienso en los desafíos, cuando pienso en estas crisis, también procuro tener tiempo todos los días para pensar en las inmensas oportunidades que vemos en todo el mundo de traer libertad y esperanza a los hombres, mujeres y niños de todos los continentes. La difusión de las libertades democráticas y económicas, unida a los impresionantes avances en tecnología, abre oportunidades sin precedentes para sacar a millones de la miseria, y para ayudar a que la gente tenga un techo sobre sus cabezas, buenos alimentos sobre sus mesas y agua limpia sobre sus labios resecos.

Hace un año, el presidente Bush vio la necesidad de presentar una iniciativa nueva y atrevida y aprovechar estas oportunidades para avivar la esperanza en los corazones de la gente. La llamó Relación de Desafíos del Milenio, lo más interesante que hemos hecho en ayuda exterior en muchos años. Poner grandes sumas de dinero estadounidense a disposición de aquellos países que asuman un verdadero compromiso con la democracia, que se comprometan a gobernar justamente, a invertir en la gente y a abrazar la libertad económica; a utilizar nuestra ayuda para estimular el crecimiento económico y atraer no más asistencia, sino las inversiones que se necesitan para que estas naciones avancen por el sendero de la prosperidad.

Ahora se nos brindan muchas oportunidades gracias al final de la Guerra Fría: la relación con Rusia y China, que hace sólo 12 ó 15 años no podíamos ni imaginar, la oportunidad de unirnos y derrotar al que tal vez sea el mayor azote sobre la faz de la tierra, el sida, que mata a miles de personas todos los días en todo el mundo; la oportunidad de firmar acuerdos sobre libre comercio de forma que cada vez más naciones puedan disfrutar de la prosperidad en el siglo XXI; la oportunidad de abordar la cuestión del hambre y todas esas otras cuestiones de carácter transnacional que la gente del mundo quiere que abordemos, y cuenta con EE.UU. para que ejerza el liderazgo, liderazgo que proporcionaremos.Nuestro mundo es una mezcla de desafíos y oportunidades, viejos y nuevos. Y uno de esos desafíos es poner fin al conflicto entre israelíes y palestinos. Sé que la solución a estas dificultades es la paz. Esa es la razón de que nos estemos esforzando tanto en poner fin al trágico conflicto entre Israel y Palestina, que ha causado tanto sufrimiento a ambos pueblos. El año pasado, el presidente Bush describió en líneas generales una atrevida visión para la paz basada en dos Estados que existen pacíficamente, uno al lado del otro: un Estado de Israel democrático, judío y seguro, y un Estado de Palestina independiente, democrático, pacífico y viable. No somos unos ingenuos. Sabemos que será difícil hacer que se materialice esta visión, sobre todo después de la violencia y el sufrimiento tan terribles de los últimos años. La paz requerirá valor y decisiones difíciles. Pero hay un hecho inconfundible. La visión del presidente exige el fin del uso de la violencia y el terror. No hay otra manera. El terrorismo tiene que acabar.