EDITORIAL ABC

El valor del patrimonio histórico

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El trágico incendio acontecido en la catedral de Notre Dame ha supuesto un duro golpe para Francia y para el conjunto de Europa, ya que este icónico templo, además de ser uno de los máximos exponentes artísticos del continente y el monumento más frecuentado del planeta, con 12 millones de visitas al año, es, ante todo, una de las grandes joyas del patrimonio histórico mundial. Por desgracia, no se suele valorar lo que se tiene hasta que se pierde y aunque el edificio, finalmente, se terminará recuperando, este suceso debe servir de seria advertencia para mejorar el mantenimiento y el cuidado de las iglesias y catedrales españolas, muchas de las cuales son auténticas obras de arte e historia viva de España. El Consejo de Patrimonio Histórico extraordinario que tendrá lugar el próximo viernes constituye una excelente oportunidad para reforzar los planes de salvaguarda de los bienes culturales ante este tipo de emergencias.

Los datos disponibles indican que, en términos generales, la conservación de las catedrales españolas es buena, gracias, sobre todo, a la constante y escasamente reconocida labor que realiza la Iglesia para que sus santuarios cuenten con las medidas de prevención necesarias para evitar o, al menos, minimizar estos desastres, junto con la ayuda de Patrimonio. Sin embargo, conviene no bajar la guardia para garantizar, en la medida de lo posible, el buen estado y seguridad de estos templos, cuyo valor es ingente, y no solo desde el punto de vista religioso o cultural, sino también económico, puesto que son un importante reclamo turístico. Además, este debate debería quedar al margen del siempre nocivo sectarismo ideológico que suele blandir la izquierda en su particular obsesión por atacar a la Iglesia y sus propiedades. Estado e Iglesia tienen que trabajar juntos para conservar la enorme riqueza artística que posee España.