Una raya en el agua

El valor de la palabra

Draghi supo demostrar que la comunicación política consiste en lograr que las decisiones se expliquen por sí mismas

Ignacio Camacho
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Si un dirigente público, pongamos que español, dijese en medio de una crisis descomunal que va a hacer todo lo que haga falta y que eso bastará para arreglar el problema, la gente correría despavorida a encomendarse al santo de su devoción más íntima. Pues bien: eso fue exactamente lo que dijo Mario Draghi en julio de 2012 cuando el euro se desangraba, las deudas nacionales eran un chicharro y países como España o Italia amenazaban con la quiebra o el rescate que habían sufrido Grecia, Portugal e Irlanda. Y aquel discurso del «believe me» -«créanme: será suficiente»- funcionó como un ensalmo para aplacar los mercados. Por dos razones: porque su autor tenía la autoridad necesaria y también el dinero

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