Urbano

Por Alfonso USSÍA
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En la Iglesia son nueve los Urbano venerados. Los ocho Papas y Pilar. En la Iglesia vasca, el orden de la veneración cambia de sentido. Pilar y los ocho Papas. En el Opus Dei y en el hogar de Baltasar Garzón el ochote de Sumos Pontífices queda muy lejos y sólo es Pilar Urbano la venerada. En el mundo del periodismo pocos la veneran, pero es temida como un nublado. Nadie como ella ha trabajado tanto la manipulación, porque, eso sí, es una trabajadora pertinaz y disciplinada, que después de decenios escribiendo artículos y libros ha conseguido de todo, menos aprender a escribir. En algunos hogares, el nombre de Pilar Urbano suena a tristeza infinita, como en la casa de Diego Prado y Colón de Carvajal, ya fallecido, seguramente ayudado por el sufrimiento que padeció cuando fue secuestrado por la ETA y mantenido en vida en unas condiciones tan inhumanas como miserables.

Incomprensiblemente, a Pilar Urbano se le facilitó desde La Zarzuela escribir un libro sobre la Reina. No grabó sus conversaciones con Doña Sofía, pero entrecomilló a su gusto y antojo, atribuyendo opiniones y juicios a la Reina que eran exclusivamente suyos. Eso sí, ganó mucho dinero con el libro, como ahora con la hagiografía del juez Baltasar Garzón, que no sabe el pobre la que le ha caído encima.

Hace muchos años, Pilar Urbano se convirtió en la gran defensora de José María Setién, obispo de San Sebastián. A los que veíamos en el pastor de lobos a un canalla disfrazado de obispo, la Urbano nos anatematizó. Escribía en ABC, y por esta Casa, entonces instalada en el viejo solar de la calle de Serrano, se movió con agilidad para convencer a la familia editora de que mi humilde presencia en ABC era contraproducente para su futuro. La familia editora agradeció sus consejos y la mandó a freír gárgaras.

Como todas las personas que van aumentando su círculo de soledades —a tantas ha fallado, traicionado y herido—, se cobija en lo deleznable para seguir dando que hablar. Ahora se ha hecho «amiga de los nacionalistas». Se ha convertido en la principal aspirante a suceder a Cossiga en el premio que concede todos los años Javier Arzallus y la Fundación Sabino Arana. Y está cumpliendo con todos los requisitos.

Pilar Urbano ha sido entrevistada en el periódico del PNV «Deia». Declara algo conturbador y tremendo. «Estoy preocupada. Empiezo a percibir en nuestros colegas periodistas que quieren imponer como un mandato, una cláusula ética, la militancia beligerante contra el terrorismo». Se expresa muy bien y no es necesario análisis alguno. A Pilar Urbano le preocupa que los periodistas sean beligerantes con el terrorismo. Después se distancia de sus colegas amenazados o de milagro supervivientes a intentos de asesinato de la ETA. «No quiero ser beligerante ni militante contra nada; parece que algunos periodistas citados en un vídeo o que reciben una carta de puros con explosivos descubren ahora la mordedura de la violencia y la denuncia. ¿Y antes, qué?». Vamos por partes, Urbano. Manifestar el deseo de no ser beligerante contra nada —incluyendo el terrorismo—, demuestra el estallido de su vileza. Y el «¿antes qué?» sobra. Esos periodistas citados en un vídeo, receptores de cajas de puros con bomba, o aguardados en la puerta de su casa para ser obsequiados con un disparo en la nuca, esos periodistas han escrito y hablado siempre contra el terrorismo, y por ese motivo han intentado quitarlos de la circulación. Al final, dice la santita: «Los periodistas tenemos que ser morales e impregnar con ética nuestro trabajo». Una delicia de señora.

Diego Prado y Colón de Carvajal empezó a morir cuando fue secuestrado. Lo mantuvieron en una especie de tubo de un metro de altura. Cuando fue liberado, el sufrimiento se había instalado en su expresión con carácter definitivo. Por la indiscreción de una periodista que no supo respetar una información confidencial de su familia, estuvo quince días más de los previstos por sus miserables captores en aquellas condiciones infrahumanas. Una periodista que no se impregnó de ética con su trabajo, ni con moral, ni con caridad cristiana.