Los últimos, a la izquierda

M. MARTÍN FERRAND
Actualizado:

DANDO por supuesto que David Cameron consiga instalarse en el 10 de Downing Street, y olvidándonos de alguna de las repúblicas del Báltico que siempre confundo, no puede tratarse de mera casualidad que los tres países con gobierno socialista que quedan en Europa sean, precisamente, Grecia, Portugal y España. Cabe sospechar que el maleficio, más que en el Sur, resida en la socialdemocracia. No es que la derecha europea, por centrada que se presente, sea para dar brincos de alegría; pero, fervores partidistas al margen, la homogeneidad socialista que coincide en el pelotón de los torpes europeos es un pista para el análisis. Del mismo modo que es imposible construir y mantener un régimen democrático sin demócratas, tiende a serlo el sostén de una economía de mercado, por muy social que quiera ser, por quienes creen en el Estado antes que en la Sociedad y aceptan las leyes de la oferta y la demanda, mejor que como incentivo para la competencia y el progreso económico, como una enfermedad que debe curarse con grandes dosis de intervencionismo.

José Luis Rodríguez Zapatero es el más radical de los tres líderes socialistas que manejan el freno en los vagones de cola de la Unión. Es tal su anacrónica obsesión socialista, evidenciada en su sectaria visión de la Historia, que sigue sin atreverse a reducir el gasto público -no necesariamente en sus capítulos de contenido social- como método para la reducción del déficit y la Deuda. Espera el milagro, algo inquietante en un agnóstico porque, en lo que se nos alcanza, la Virgen siempre se les aparece a los pastorcitos piadosos. Cuando Pedro Solbes estaba a su vera, y actuaba como un Pepito Grillo atento a la moderación del gasto, le faltaron iniciativas y redaños para enfrentarse a la crisis que no quiso ver y ahora, con Elena Salgado, que a juzgar por sus ausencias parece haberse dado a la fuga, todavía es mayor su desconcierto.

Hasta Silvio Berlusconi -¡el Señor nos libre de un esperpento semejante!- tiene más sentido del Estado y mayor inteligencia de la Sociedad que Zapatero. No digamos Angela Merkel, Nicolás Sarkozy y -ahora- Cameron que, con los citados, integran el quinteto de la decadente grandeza europea. Mientras, los últimos de la izquierda están haciendo el ridículo con su empecinamiento de efectos nocivos para los menos favorecidos de la población. Empezando por los parados.