Tras los atentados de julio

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No era difícil prever que las cercanías del 31 de julio, día de San Ignacio, y fecha que se tiene como la de la fundación de ETA, podían convertirse en fechas trágicas. ETA, en este momento, tiene gente -jóvenes y no tan jóvenes- dispuesta a ingresar en las filas de la organización terrorista. Si no existen más captaciones es porque se produce un cuello de botella en los niveles decisorios de ETA, en la «gerencia» de la «Empresa», tal y como ellos la denominan en su argot.

La dependencia total de todos y cada uno de los comandos del jefe del aparato militar ha resultado nefasta, en primer lugar, porque la intensa labor de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado han convertido en una actividad de altísimo riesgo tanto las citas como los contactos con la dirección, que al caer, dejaba quemados a los comandos que con ellos se habían reunido. En segundo lugar, porque esa dificultad para contactar hace que muchas solicitudes no sean respondidas hasta meses después, y que varios «legales» pierdan durante tiempo, a veces años, el contacto con la dirección. La impresión es que el aparato militar de ETA no solo ha sufrido actualmente un cambio en la persona que lo dirige, sino en la forma de actuar. Y eso ha dado pie a que los colaboradores de la banda, que hasta la fecha no podían contactar con la organización, sí lo hagan. El ejemplo del cuartel de Burgos es claro, se necesita una mínima infraestructura para detectar qué vehículos aparcan en la zona, cuáles no destapan sospechas, pasar la información, robar un vehículo similar, doblarle las placas, pintarlo, esperar que se marche el original, saber que no vuelve en un tiempo y colocar la bomba. O han tenido mucha suerte o es un atentado mucho más elaborado de los que la banda venía cometiendo hasta la fecha. A la existencia más que probable de dos taldes de liberados en plena campaña de aniversario-verano, debemos unir una nutrida retahíla de legales y colaboradores de menor nivel que pueden realizar o colaborar en la realización de acciones trágicas. Pero una cosa es segura en el mundo de la lucha antiterrorista: cada día que pasa es un día menos para la detención de los comandos. Se trabaja mucho, rápido y bien y ETA ha perdido el apoyo popular que en los setenta y ochenta llegó a tener en muchos sectores de la sociedad vasca. La suya es una lucha violenta y dramática, pero condenada a la derrota.

Por último, y siendo este domingo el aniversario del asesinato de Francisco Casanova en Berriozar, permítanme un abrazo a su viuda y sus hijos, un abrazo a todos los amigos de Vecinos de Paz, que han conseguido el milagro de que un militar sea recordado, año a año, en un pueblo tan problemático. Y un abrazo muy fuerte a mi compañero, a mi amigo, a mi «hermano» Miguel, letrado que tuvo la gallardía de llevar la acusación particular de la familia negándose a cobrar un solo euro. Eso es servir a España.

Juan Frommknecht Lizarraga

Bilbao