La trampa de los números

Las encuestas sobre el apoyo social del independentismo alimentan la fantasía de un sujeto soberano ficticio

Ignacio Camacho
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Ser partidario de la independencia de Cataluña es la expresión de un deseo. Y los deseos, en democracia, se pueden manifestar libremente por cualquier medio, pero por sí solos no generan derechos. Para esto es menester convertirlos en ley por voluntad de la mayoría del pueblo. En España, ese pueblo es el español, el titular del poder constituyente y el único sujeto soberano cierto. A efectos jurídicos, el pueblo catalán carece de reconocimiento más allá del marco territorial y competencial establecido en los estatutos y demás normas de autogobierno. Por tanto, resulta irrelevante que el número de catalanes favorables a la secesión crezca más o menos; la ruptura de la integridad del Estado no es posible en el actual ordenamiento

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