Editorial

Trampa desmantelada en el Congreso

PP y Ciudadanos, al igual que el Senado, son actores de la vida parlamentaria, no simples incordios para Sánchez e Iglesias

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La Mesa del Congreso de los Diputados, en la que PP y Ciudadanos tienen la mayoría, rechazó admitir la enmienda pactada por el PSOE con Podemos en una ley de reforma del Poder Judicial para eliminar el veto del Senado a los Presupuestos. El fraude de ley quedó así desarticulado y los defraudadores, al descubierto. Los socialistas pretenden que PP y Ciudadanos desaparezcan y formen silenciosos un pasillo por el que discurran las ocurrencias de un Gobierno sin futuro. Pedro Sánchez sigue sin aceptar que sus 84 diputados no le dan el control de la Cámara Baja y que PP y Ciudadanos tienen la obligación democrática de hacer oposición. Que los tramposos se quejen de que la trampa les ha salido mal sólo demuestra la falta de escrúpulo democrático. Sánchez tiene a su disposición la potestad de disolver el Parlamento y convocar elecciones para tener una mayoría parlamentaria más amplia. Pero el presidente del Gobierno ha decidido que la alternativa a las urnas debe ser un gobierno caciquil y populista, en el que son peligrosamente reconocibles algunos tics autoritarios. Recusar a la presidenta del Congreso o recurrir al Tribunal Constitucional no va a remediar su penuria política, cada día que pasa más evidente e irreversible.

PP y Ciudadanos, al igual que el Senado, son actores de la vida parlamentaria, no simples incordios para Sánchez e Iglesias. El problema no está en la oposición, sino en un Gobierno que no saca adelante sus proyectos, vive en vilo con los conflictivos pasados de sus ministros y se desangra en desmentidos continuos. A esto se le llama fin de legislatura, que durará hasta que quieran los separatistas y la extrema izquierda, o hasta que el PSOE caiga de nuevo en la cuenta de que Sánchez sigue siendo el mismo que ha arruinado electoralmente al partido. Hasta entonces, seguirá el espectáculo lamentable de un Gobierno moribundo.