El tractor amarillo

El sainete de los lazos demuestra que el nacionalismo ya no es tanto un proyecto político como un extravío cognitivo

Ignacio Camacho
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El juego de Torra con los lacitos, ese sainete de ahora los pongo y ahora los quito y ahora los vuelvo a poner de otro color para parecer muy listo, sería simplemente ridículo si no mostrase serios síntomas de infantilismo. Y no ya tanto de ese estrambótico presidente que se cree el jefe de la tribu de Astérix como de los círculos separatistas que viven abstraídos en un alarmante ensimismamiento colectivo. Con todos los respetos hacia los seguidores del independentismo que aún conservan cierta claridad de juicio, solamente a personas con un severo déficit cognitivo se les puede ocurrir que burlan al Estado sustituyendo los símbolos prohibidos por florecitas, frutas y hasta un tractor amarillo. Dejando aparte la traición del

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