Tan tontos no somos los españoles

JOSÉ MARÍA CARRASCAL
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CUANDO a las ocho de la noche de ayer, ya cerrados los colegios electorales, el centro de datos, dependiente del Gobierno, decretó un apagón informativo, me dije que habían perdido las elecciones. De haberlas ganado, hubiesen puesto en boca de pregonero todos los datos que tenían, música incluida. Pero como no era así, iban a aprovechar las dos horas que tenían hasta hacer obligatoriamente pública su derrota para maquillarla de tal forma que pareciese lo menos posible, y la encontraron en que son «el Partido Socialista que mejor resultado ha obtenido en Europa». El que no se contenta es porque no quiere.

Había ya un indicio de ello en la participación, similar a la de la convocatoria anterior, en 2004, como nos repitieron a lo largo de la jornada. Pero era el espejismo de los datos generales, que manejan tan bien para distorsionar la realidad. Pues ese dato escondía otro que nos daba una realidad bastante diferente. La participación había bajado en algunas comunidades y subido en otras. Había subido en Madrid y Valencia, y había bajado en Cataluña, País Vasco y Asturias. Y mientras Madrid y Valencia suelen votar PP, Cataluña, País Vasco y Asturias votan PSOE. Lo que en buena lógica advertía por donde iban los tiros. El PSOE, pese a la frenética actividad desplegada por Zapatero durante la campaña, pese a sus invocaciones a Obama, pese a echar mano del voto del miedo al lobo feroz de la derecha, no consiguió movilizar a todo su electorado, mientras el PP consiguió movilizar el suyo. Es incluso posible que la campaña negativa contra Camps fuese tomada por los valencianos como un ataque personal contra ellos, y que algo parecido ocurriera en Madrid con los casos Gürtel y de los espías.

Aunque puede que la cosa sea mucho más sencilla: que Zapatero ha perdido la confianza del electorado. Que, como el ilusionista al que se le conocen los trucos, aburre, no se le cree, ni se le fía ni se espera ya nada de él, ni de las recetas que va sacándose de la chistera para solucionar los muchos problemas que tiene planteados España, algunos de ellos creados por él. Es lo que suele ocurrir a los mentirosos crónicos, que llega un momento en que, hagan lo que hagan y digan lo que digan, no les creen ni sus propios allegados. Pues estas elecciones no las ha ganado el PP, que lo tenga muy claro; las ha perdido Zapatero, como él mismo advirtió durante la campaña, aunque no nos extrañaría que ahora lo negase.

Se confirma así la tendencia iniciada en las elecciones gallegas y vascas de que empieza un nuevo ciclo en la política española. Un ciclo en el que el PP no puede limitarse a decirnos lo mal que lo hace Zapatero. Ya lo sabemos. Tiene que decirnos cómo salimos del agujero en que nos hallamos. Aunque lo mejor de la jornada fue comprobar que los españoles no somos tan tontos como creían nuestros políticos.