Todos somos Huawei

Jesús Lillo
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Dice Xi Jinping, con más razón que un anciano maestro, que el pueblo chino tiene que estar preparado para afrontar una serie de «situaciones difíciles». En su país el más tonto hace teléfonos móviles, pero con soporte extranjero y prestado, detalle que explica la vulnerabilidad de una economía interconectada por la tecnología a través de una cadena de dependencias que no parece terminar nunca. Todos los caminos, y cada vez quedan menos, llevan a Google, compañía que no solo en China abre su caja de herramientas gratuita -búsquedas, vídeos, correo, libros, traducciones, mapas o sistemas- para que el usuario se vaya atando y ahorcando, con el mismo gusto que da el roce de un lazo amarillo que aprieta el gaznate

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