Todos los huevos en la misma cesta

por M. MARTIN FERRAND
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ANTES de que las hueveras de papel prensado le sirvieran de casco protector al fruto de las gallinas, el más torpe de los tenderos sabía que no es prudente trasladar todos los huevos en la misma cesta. Claro está que resulta más difícil, y exige mayores dotes de prudencia y tacto, regentar una pollería que ejercer de ministro en un Gobierno con mayoría absoluta, poderes omnímodos e incontrolados y desparpajo inmenso. Se lo dije, de palabra y por escrito, a todos los responsables afines a la cuestión audiovisual en los días de arrogante majeza en que el PSOE decidió, con ocho años de retraso sobre una sentencia del Tribunal Constitucional y diez o doce sobre las leyes del sentido común, abrir las puertas a la televisión privada en España.

TVE, repetidor a repetidor, había construido, a partir de 1957, una magnífica red terrestre para la distribución nacional, y su posterior emisión, de las señales de audio y vídeo que le son propias. En 1989, después de aprobada la ley de la Televisión privada, como para quitarle un pétalo más a la margarita de la libertad, el Gobierno de González se sacó de la manga un nuevo organismo, Retevisión, que se quedó con la red tejida por TVE y, de paso, con el monopolio de la difusión de las señales audiovisuales en España. A TVE se la despojó de lo que podría haber sido una de sus fuentes naturales de financiación y a las compañías privadas de televisión, nacientes en aquel momento, se las forzó, manu militari, a suscribir unos contratos leoninos con la entonces no en parte privatizada Retevisión. Así se frenó un desarrollo natural de Telefónica, se impidió una vía de competencia abierta y legítima y el Gobierno se reservó una última esclusa para el control político a la libertad televisual. Así se metieron todos los huevos de la tele en la misma cesta.

Anteayer bastó un mínimo incidente en Torrespaña, la única torre de comunicaciones del todo el mundo construida dentro de un hoyo, para que todo Madrid se quedara durante tres horas sin programas de televisión y, en buena medida, sin oferta radiofónica ya que son mayoría las empresas del sector que tienen contratada con Retevisión la difusión de sus señales en la capital de España. Sólo había una cesta disponible y la desgracia actuó en consecuencia. Ha dicho el ministro Piqué, bien conocido por su perspicacia, que «el suceso requiere un conocimiento claro de las causas que lo han producido». Deben gustarle las anécdotas sobre cortocircuitos porque la sustancia del asunto está en el monopolio que ha forzado el disparate logístico de que todas las señales de un servicio -esencial en el decir de la ley- estén concentradas en un mismo punto.