Todo lo que no hay que hacer

Jesús Lillo
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El mayor éxito de la democracia de consumo quizá consista en prorrogar un debate parlamentario que dura ya tres años -hoy sigue- y cuyo único objetivo es ir aumentando, como una bola, las dimensiones y consecuencias de un desastre. Formalizada por el Gobierno de Londres y luego exportada a los mercados más dinámicos, la edad de oro del desatino político aún tiene en la Cámara de los Comunes una poderosa fábrica de ideas, faro de un mundo arrebatado. Theresa May, inagotable, sin apenas voz, dijo ayer que «la política responsable conlleva pragmatismo», sentencia que viene a resumir la teoría del mal menor y que lo mismo vale para un roto que para un descosido. En el caso del Brexit y

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