El test Mayor Oreja

Por César ALONSO DE LOS RÍOS
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El ministro Mayor Oreja nos ha proporcionado un test con el que podemos detectar de un modo exacto qué ciudadanos y con qué grado de responsabilidad están contribuyendo al Terror, al mantenimiento de ETA y, en definitiva, a su triunfo aun cuando rechacen de modo radical el terrorismo como método. Los diez tópicos que analizó el ministro en su conferencia de la Academia de la Historia, y que publicaba ayer ABC, no sólo resumen la estrategia propagandística de ETA —y de los partidos autodeterministas— sino que nos permiten reconocer hasta qué punto está siendo eficaz.

La simple lectura de los diez tópicos es, por otro lado, un guión precioso para el debate ideológico frente a ETA y sus colaboradores de Estella. Estructura el debate y obliga a la reflexión a tantos que, con buena o mala fe, están contribuyendo al debilitamiento del Estado de Derecho y de la idea de España aunque hagan aspavientos antiterroristas. Este enunciado de tópicos permite reconocer a los colaboracionistas descarados así como a los agazapados y sobre todo a los tontos útiles del Terror. Son muchos, de condición variada y están entre nosotros. El síndrome del miedo les lleva a aceptar tesis entreguistas aunque la experiencia les da que ETA los respetó muy poco. La gama va desde los que dan como segura la derrota de la estrategia policial, los que defienden la negociación con ETA para buscar una salida autodeterminista, a los que restan importancia al pacto de Estella...

Gracias a este test podemos establecer los grados del seguidismo intelectual a ETA aun cuando se esté en contra de sus métodos terroristas. Porque la adhesión o el rechazo de la violencia no es la única vara para medir el colaboracionismo con aquélla (hasta HB hace ascos, a veces, al Terror) sino la defensa de todos los argumentos que llevan a las tesis de ETA. En ese sentido hay un tópico (no citado por el ministro) según el cual toda opción política es defendible en democracia, incluida la independencia. Esta obviedad es perversa democráticamente en la medida que cuenta con la división del trabajo entre los que matan por ese objetivo y los que lo defienden en uso de la libertad de expresión. Se llega a más: se da por supuesto que algo que puede enunciarse es ya legítimo e incluso plausible (la independencia, por ejemplo) y se considera poco democrático al que pone en duda la legitimidad de esa hipótesis. Por ese sistema formal se llega a defender al PNV y sus tesis: tan sólo por ser realmente existentes.

No menos perverso intelectual y democráticamente es otro tópico lanzado por ETA y manejado hasta la saciedad por el PNV que no ha sido citado por el ministro, sin duda, por pudor. Me refiero a la descalificación del PP como aspirante a la hegemonía en el País Vasco. Se considera que una mayoría del PP sería una provocación y un peligro para la estabilidad. De lo que se deduce que en este caso la voluntad popular puede llegar a ser desestabilizadora. Según estos finísimos demócratas con frecuencia socialistas, el PP no sólo está cometiendo el error de querer desplazar del poder al PNV sino que tiene la audacia de nombrar un lendakari ¡ministro del Interior!

Lo más llamativo del caso es que esta argumentación ha llegado a penetrar en el propio electorado del PP. No son pocos los militantes o votantes «populares» que dudan de la corrección de la estrategia de poder que se ha marcado su propio partido. Ha arraigado tanto la creencia en que el País Vasco es cosa de abertzales que se llega a poner en cuestión la propia representación popular. Es obvio que quienes opinan así creen en los tópicos del nacionalismo, aun cuando no lo sean, y coinciden con ellos en sus concepciones sobre el «pueblo», en la definición de éste como «comunidad euskaldún» y en que existe una diferencia real a favor de ésta y frente al resto de la «sociedad». Se trata de un derrotismo tan arraigado en el etnicismo como el triunfalismo de los abertzales. Es quizá el triunfo más sibilino de ETA.