Una raya en el agua

El tambor rociero

Ese despropósito esperpéntico de los libros de texto esconde un enorme fracaso estructural bajo sus cómicos excesos

Ignacio Camacho
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Lo peor de ese desparrame de conceptos doctrinarios y caprichos anecdóticos que las autonomías obligan, como han contado los editores, a introducir en los libros de texto no es su disparatada arbitrariedad aldeana ni la posible violación de la libertad de cátedra, sino que tiene mal arreglo. Porque está amparado por la Constitución y por numerosas sentencias del TC, de tal manera que la Alta Inspección no podría, aunque quisiera, entrar en ello; que no es el caso porque ni siquiera ha tratado de proteger derechos y deberes primordiales -el del porcentaje lectivo en castellano, por ejemplo- arrasados en regiones como Cataluña sin el menor respeto. El problema va mucho más allá de que Canarias no quiera enseñar los ríos

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