Un supositorio con pan

FÉLIX MADERO
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EN localidad toledana de La Puebla de Almoradiel vivió un hombre al que llamaban Capricho. Era solitario, poco hablador, destartalado y aficionado al morapio y la siesta matinal. Ignoro la razón del mote, porque su existencia fue todo menos una extravagancia. Era de esas personas que entran en la memoria infantil y ya nunca salen. Su mérito fue pasar por la vida sin hacer ruido y molestando poco, que tal y como están las cosas resulta meritorio por excepcional. Jamás enfermó, o nunca lo supo, acaso ya naciera en ese estado en que la enfermedad, la que se ve y la que no, te acompaña hasta el final. El caso es que una vez, Capricho se puso malito y fue al médico, que le recetó unos supositorios. A los pocos días volvió a la consulta y le dijo al doctor: don Rafael, no me recete más estas cosas que el último me lo he tenido que comer con pan.

La fuerza de la memoria es tal, que al ver el sábado a los agricultores en el centro de Madrid, Capricho se hizo presente. Supositorios con pan es lo que están tomando miles de agricultores que, hartos de intermediarios y agobiados por el hundimiento de los precios, empiezan a hacer un jaleo que lleva impreso el sello que anuncia un cambio de ciclo. No, la manifestación de los que llaman ahora trabajadores del campo no es una más. Es, ya lo verán, el arranque de una etapa que deja en evidencia a un inactivo Zapatero, de paseo ahora por Europa. De toda España vinieron, y todos traían en su zurrón un trozo de hogaza y unos supositorios amargos color ceniza que untaron en pan mientras regalaban leche, naranjas y chorizo. De esto último, lo que más.

En el taxi, la radio dice que la ministra de Agricultura no ha visto a los manifestantes porque no lo han pedido. Y entonces pienso: no puede ser, ¿será que Espinosa se come los supositorios con sabor a provocación? Si ella, una de las ministras más serias, no lo ve es porque da por perdido el partido o no lo quiere jugar. El campo harto, el desempleo creciendo, la economía por los suelos, los bancos asfixiando a los pequeños empresarios -oigan sí: a-s-f-i-x-i-a-n-d-o a los que crean trabajo y riqueza-, y los españoles inmersos en la costumbre de vivir.

Y mientras tanto Zapatero, ayuda a colocar dos bromas -una belga y otra británica- al frente de los 27. Aquí nos comemos con pan negro los supositorios gúrteles, siteles, faisanes y alakranas. Y Abdu Willy, el piratita, con ganas de casarse con una española. ¿Vestido de luces, tabaco y oro o con el chándal de la selección? Capricho, maestro, que buena metáfora la tuya: pan con supositorios para curarnos del espanto, la enfermedad. ¿O es que no sabemos que estamos enfermos?