La superación del dedazo

Quien más probabilidades tiene de declararse vencedor de esta elección es Margallo. Él ya dijo que sólo se presentaba para que no ganara Soraya

Ramón Pérez-Maura
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Resulta que ahora la crítica al Partido Popular es que está descabezado y sin hacer oposición al meticuloso descalabro que está provocando Pedro Sánchez en España. La descalificación puede variar mucho y muy rápido. Hasta hace unos días el PP era acusado de ser una formación opaca, falta de democracia interna y en la que se aplicaba el dedazo como forma de elegir a sus dirigentes y candidatos. Fraga nombró a Aznar con un «dedazo». Y Aznar nombró a Rajoy con otro «dedazo». Al igual que por «dedazos» se nombró a todos los candidatos autonómicos y municipales. Que, al parecer, era un sistema menos democrático que el del PSOE, donde se hacían primarias y después se destituía a los ganadores de las votaciones internas.

Ahora resulta que Rajoy se ha ido a su casa sin la más mínima indicación en favor de ninguno de los seis candidatos a sucederle. Y el PP ha abierto un proceso democrático entre sus afiliados para elegir el nuevo presidente. Y todo eso se va a resolver en sólo seis semanas. Pero también es un desastre porque el partido está descabezado. Hombre, yo creo que es imposible hacer un proceso limpio en menos tiempo. Y el hecho de que haya seis candidatos indica cuán abierta es esta elección. De los seis candidatos, cinco son diputados. Pero hay más de cien diputados de los que nadie conoce su intención de voto. Son pocos los que se han alineado con alguno de sus compañeros. Confieso que en la última semana he hablado con siete afiliados del PP que van a ejercer su derecho a voto y los siete me han dicho que van a votar a la misma persona: Pablo Casado. Un miembro del equipo de Soraya Saenz de Santamaría me advertía ayer de un posible error de percepción en ese sondeo no científico: «Casado es fuerte en Madrid y muy débil en provincias». Es posible. Pero es un muestreo aleatorio y para mí revelador porque son afiliados de muy diferente extracción.

Los principales respaldos de los tres favoritos parecen ser, para Casado, los descontentos con lo habido hasta ahora, que con variantes y matices pueden ser bastantes. Para Soraya los que están en sintonía con la administración Rajoy. Y con María Dolores de Cospedal el aparato del partido. Pero, desde el momento en que la votación es secreta, es muy dudoso que los presidentes secretarios generales autonómicos, provinciales y locales tengan una verdadera capacidad de control del voto de los militantes. Eso podía tener un efecto real sobre los compromisarios del partido en los congresos de antaño. Mas ahora sucede que la votación que harán los compromisarios el 21 de julio entre los dos finalistas, será después de que los militantes se hayan manifestado libremente el 5 de julio. Y si alguien gana mañana con una ventaja relevante, digamos cuatro o cinco puntos porcentuales, a ver cómo se puede justificar que esa victoria sea corregida en la votación de los compromisarios.

En todo caso, yo anticipo que quien más probabilidades tiene de declararse vencedor de esta elección es José Manuel García-Margallo. Él ya dijo que sólo se presentaba para que no ganara Soraya. Y en puro cálculo de probabilidades aritméticas, ella tiene más probabilidades de perder que de ganar. Claro que si Margallo se atreviera a repetir varias veces a lo largo de estas últimas horas que la derrota de Soraya sería su victoria, la ex vicepresidenta podría obtener una cómoda mayoría absoluta en estas primarias.

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