Suena la Academia

Por José Luis GARCÍA DEL BUSTO
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Recuerdo la ilusión y el orgullo con que hablaba Federico Sopeña, en los primeros ochenta, de la era de rejuvenecimiento y nuevo impulso que estaba dispuesto a procurar durante su mandato en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Rebajar la edad media de los miembros de la Sección de Música de la Casa era algo fácil, natural, inevitable; sin embargo, lo de dar nuevo impulso, nueva cara a la histórica institución, no era sólo un paso «natural», sino que debía apoyarse en una decidida apertura hacia la generación de compositores que había accedido ya a la madurez, pero cuya presencia en los sillones de la Academia hubiera parecido a todos poco menos que ciencia ficción tan solo unos años antes, pues eran autores cuestionados por muchos, incluidos algunos ilustres académicos. Se hizo. En orden de ingreso efectivo, se incorporaron a la Academia los compositores Antón García Abril (1983), Cristóbal Halffter (1983), Luis de Pablo (1989), Carmelo Bernaola (1993) y Tomás Marco (1993); los intérpretes Narciso Yepes (1987), Nicanor Zabaleta (1988), Joaquín Soriano (1988), Agustín León Ara (1989), Teresa Berganza (1994) y Manuel Carra (1998); el crítico Antonio Iglesias (1992) y los musicólogos Antonio Gallego (1996) e Ismael Fernández de la Cuesta (2000). En los últimos años han menudeado los actos públicos con participación activa de los académicos, de éstos y de quienes les habían precedido: sesiones abiertas al público, con obras de los compositores, actuaciones de los intérpretes y conferencias de unos y otros...

Pasado mañana, domingo, leerá su discurso de ingreso el maestro Ramón Barce, el último académico electo para esta Sección de Música, un compositor pionero en los movimientos de la vanguardia que despertaron en Madrid a finales de los años cincuenta y con trayectoria no sólo musical sino también literaria y, en definitiva, con vuelo intelectual. «Naturaleza, símbolo y sonido» es el tema de la disertación de Barce que será contestada por Antonio Gallego en nombre de la corporación.

Resulta interesante y hasta sintomático de lo que en estas líneas estamos valorando el hecho de que, en el mismo fin de semana en que la Academia abre sus puertas a Ramón Barce, los tres conciertos de la Orquesta Nacional hayan arrancado con la interpretación —como estreno absoluto— de la obra de un joven compositor zaragozano, Víctor Rebullida, que resultó ganador del Concurso de Composición que recientemente había instituido la propia Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Su Sección de Música funciona, se mueve, suena.