Suceso puntual

No es la primera vez que miembros del gobierno de pitiminí adoptan actitudes pasivas en la defensa del juez Llarena

Juan Manuel de Prada
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De «suceso puntual» ha calificado el otrora juez Marlaska el acto vandálico que unos facinerosos perpetraron en casa del juez Llarena. Son unas palabras indecorosas que deberían avergonzar a Marlaska, que conoce bien las zozobras y angustias que invaden el ánimo de los jueces, cuando en el ejercicio de sus funciones jurisdiccionales tienen que adoptar decisiones con temibles ramificaciones políticas. En los días en los que aún no se había dejado engatusar por los cantos de sirena del doctor Sánchez, Marlaska soliviantó con sus decisiones a los separatistas (me viene a la memoria, por ejemplo, el cierre de alguna «herriko taberna») e incluso a los gobernantes (pienso, por ejemplo, en el celebérrimo caso «Faisán»). Marlaska no es, pues, un pipiolo

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