El sistema ha quebrado

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El sistema de partidos que surgió en Italia tras la Guerra Mundial se hundió por el minifundismo ideológico. Para obviar al PCI, la DC se veía obligada a gobernar con cuatro partidos. La ruina del sistema español se debe a algo distinto: la incapacidad de los dos grandes para la alternancia. Incluso para la convivencia. Dije en su día que me daba envidia el caso alemán por la capacidad de democristianos y socialistas para llegar a pactos de gobierno. En Gran Bretaña me ha parecido ejemplar que David Cameron y Nick Clegg no sólo hayan fusionado sus programas sino que sean el número uno y dos en el Consejo de ministros. En Portugal los dos partidos mayoritarios han redactado el plan contra el déficit. A nadie le sorprenderá el aplazamiento de la construcción del tercer puente sobre el Tajo.

En España el sistema de partidos está en quiebra. Ni siquiera es un recuerdo el espíritu de los Pactos de la Moncloa. La ignorancia histórica es tal que nadie sabe ya quién fue Fuentes Quintana. Las gentes no recuerdan el proceso que va de la Guerra Civil a la actualidad.

La animosidad en la que viven los partidos es tal que sólo prosperan las acciones negativas. Por ejemplo, a excepción del PP, los partidos catalanes han vuelto a unirse para dar por muerto al TC y, de paso, la idea de España como nación. ¿Deberemos decir que únicamente el PP es la residencia de la cordura? Durante estos meses ha llegado a escandalizarme su actitud en relación con la «crisis». La abstracción de sus propuestas ha permitido el ocultamiento de la parte más impopular de éstas. Nunca llegó a concretar qué entendía por reforma laboral. Hoy mismo se regodea en el desgaste electoral que puede tener el PSOE en la aplicación de su plan. No les basta con sacar partido de una política que supone, como escribí hace unos días en esta columna, que Zapatero se haya hecho el harakiri por órdenes de la Unión Europea. ¿Deberá llegarse al desastre nacional? ¿Tiene también el PP tentaciones suicidas?