Los sintas y los nolacos

ANTONIOBURGOSLA economía española no estará aún en crisis, porque no toca. Pero

ANTONIO BURGOS
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LA economía española no estará aún en crisis, porque no toca. Pero está algo peor: sin tabaco. Está como Caracol el del Bulto, padre de Manolo Caracol,que sentenciaba: «Un hombre con los zapatos sucios y los tacones comíos va diciendo por la calle que está sin tabaco». La caída de ventas de coches, las obras paradas, el euríbor al 5 por ciento, el gasóleo por las nubes, las tiendas vacías, el «se acabó el carbón» del superávit y los carteles de «se vende» criando telerañas en los pisos son los zapatos sucios y los gastados tacones de la España sin tabaco.

Nada más propio y ajustado, pues, que ayer se celebrara el Día Sin Tabaco. Ya que el Gobierno no reconoce oficialmente que haya crisis, yo propondría que en las actuales circunstancias todas las jornadas del año fuesen declaradas Día Sin Tabaco.

Así estamos todos: sin tabaco. Aunque tengamos en el bolsillo un paquete de Winston del águila, una bolsa de Clan para la pipa y dos lanceros de Cohibas, como en ese mismo bolsillo no tenemos un duro, y menos en los bolsillos públicos, quiere ello decir, en el lenguaje coloquial de mi pueblo, que estamos «sinta», que decían los clásicos contemporáneos del Patio de Monipodio, en certero apócope. Veían a uno por la calle y te decían:

- Ese está sinta...

- ¿Cómo sinta?

- Sí, sinta...baco.

Tieso. Mojama. Palmatoria. Así estamos todos. Pero no nos damos cuenta ni le damos importancia, por culpa de los nolacos. La España de los sintas está gobernada por los nolacos.

- ¿Qué es un nolaco, usted?

- Pues uno que nolaco...noce.

- No la conoce, ¿la qué?

- ¿Pues qué va a ser? ¡La vergüenza!

Los nolacos aseguran que no estamos sinta, que los que verdaderamente están sinta son los alemanes y los italianos. Como nolaco...nocen, se quedan tan panchos cuando afirman que la España de los sintas está mejor preparada que cualquier otro país europeo para afrontar la miseria de los zapatos sucios y los tacones comidos. Y siguen gastando si hay que gastar, derrochando el dinero como si lo regalaran. En la España de los sintas, el Gobierno está que lo tira. Y no digo nada de los ayuntamientos. Andan pidiendo un chavico para la cruz de mayo, como en Granada, porque ya no pueden vender las joyas de la abuela de los solares públicos, porque nadie los compra para especular con ellos, pero al mismo tiempo siguen despilfarrando como nuevos ricos en la España de los nuevos pobres.

Todos pendientes de la selección (dígase «La Roja» para obviar lo de nacional) en la Eurocopa, de Contador en el Giro, de Gasol en la NBA y de Nadal en Roland Garros, cuando el deporte que estamos practicando todos, y ganándonos todas las medallas, es el de ahorrar hasta la última peseta. El Gobierno de los Nolacos dice que no estamos sinta, pero yo no he visto nunca mirar cómo ahora se mira y remira el precio de un simple cartón de leche en el híper, ni tantas ofertas de 2 por 1 y de 3 por 2. Del «give me two» del español con tabaco que iba a tirar el dinero en Nueva York hemos pasado a: «Hija, no cojas otra botella de aceite, que la que tenemos hay que estirarla hasta el día 25 que nos ingresen la nómina y tengamos saldo en la tarjeta». El Gobierno de los Nolacos no hace nada para evitar la crisis; los sintas, por su cuenta, ya son medalla de oro en el deporte de ahorrar, porque a la fuerza ahorcan y porque no se puede sacar leche de una alcuza.

Y a los hechos me remito. Esta España antes floreciente que era la octava potencia económica del mundo es ahora la nación de los pescadores sin tabaco, de los transportistas sin tabaco, de los mileuristas sin tabaco, de los parados sin tabaco, de los constructores sin tabaco, de los promotores sin tabaco, de los inmigrantes sin tabaco, de los comerciantes sin tabaco. Hasta de los estanqueros sin tabaco. ¿Para qué celebrar entonces el Día Sin Tabaco? El Día Sin Tabaco lo proclaman las dos palabras más repetidas de este triste bolero, son dos palabras solamente mis angustias: «Se vende». Letrero que vio una vez un guasón de Utrera y puso debajo con cisco picón, a modo de pintada, lo que habría que responder ahora: «¿A que no?»