La silla

Peor que tener una enfermedad es ser una enfermedad, protestaban los orteguianos

Ignacio Ruiz-Quintano
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El pianista afincado en España James Rhodes (un Pepito Arriola sin prima Hildegart) quiere atizar a Abascal con una silla. ¿Está loco? No. Si estuviera loco, levantaría la silla contra Ortega Smith, que fue boina verde. Rhodes es «antifascista», y hasta ahí llega. ¿Por qué? Porque es la palabra que para Doña Croqueta pone en marcha el dispensador de croquetas, que le vuelven loco.

La silla de pegar sillazos de Rhodes no es la silla de torear de Morante de la Puebla en El Puerto ni la silla de aullar de Charlie Rivel en el circo ni la silla de escribir de Jacinto Benavente en Albarracín, donde escribía subido a una silla porque había un ratón en el cuarto.

La

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