Si yo fuera independentista vasco

Por Ignacio SÁNCHEZ CÁMARA
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Si yo fuera independentista vasco, seguiría pensando que un crimen no deja de ser un crimen porque favorezca la causa del independentismo vasco. Si yo fuera independentista vasco, seguiría aborreciendo el totalitarismo y defendiendo la libertad y continuaría adhiriéndome a la vieja enseñanza liberal de Marañón de que el fin no justifica los medios sino que, por el contrario, son los medios los que justifican el fin. Por eso estaría infinitamente más cerca de los constitucionalistas españoles que de los nacionalistas vascos radicales, aunque compartiera los fines de éstos y no los de aquéllos. Los fines en política importan poco; los medios son casi todo. No me importa para qué asesina alguien si asesina. Y poco me importan las discrepancias, por profundas que sean, con quien respeta y dialoga.

Si yo fuera independentista vasco, aborrecería a ETA con toda mi razón y con todas mis fuerzas, como la peor amenaza que gravita sobre mi tierra. La aborrecería tanto que, por razones morales de pura dignidad, renunciaría a mi objetivo independentista hasta que la banda terrorista se hubiera disuelto. No permitiría en este asunto la menor ambigüedad, pues la vida, la libertad y la dignidad están muy por encima de los límites territoriales en los que los Estados ejercen sus menguadas soberanías. Siempre pensaría que ser hombre es previo, más radical y más importante que ser vasco, y ser vasco, más que ser independentista.

Si yo fuera independentista vasco, no dejaría de reconocer que vasco y nacionalista vasco no son términos sinónimos. Que no existen vascos verdaderos y falsos, de primera o de segunda. Que tan vasco puede ser un votante del PP como del PNV, del PSOE como de EH. Si yo fuera independentista vasco, no por eso sucumbiría a la tentación totalitaria, a la llamada de la tribu, a la proclama del racismo.

Si yo fuera independentista vasco, no pactaría con los terroristas para alcanzar, junto a ellos, los objetivos de la autodeterminación y la independencia, sino que lucharía contra ellos junto a todos los que defienden la vida, la libertad, la dignidad y la democracia. No necesitaría ir de casa en casa proclamando que nada tengo que ver con ETA porque nadie podría albergar la más mínima duda de que nada tendría que ver con ETA. En este caso, la duda ofende. Por el contrario, pactaría con quienes no son independentistas para acabar con los asesinos independentistas. La distinción moral radical es la que media entre asesinos y no asesinos, y no la que existe entre independentistas y españolistas.

Si yo fuera independentista vasco, sólo aspiraría a lograr mis objetivos convenciendo a mis conciudadanos y tratando de vencer en las urnas. Pero no daría ni un solo paso más en esa dirección. Mientras la voz de un discrepante esté amenazada, mi obligación moral es estar junto a él y en contra de mi propio ideal independentista.

Si yo fuera independentista vasco, si hubiera nacido en ese pedazo maravilloso de tierra española y se me hubiera anegado en el alma el amor a la España eterna, si se me hubiera inoculado el odio a mi patria grande en favor del amor a la pequeña, como si fueran incompatibles, si, por desgracia, mis fines y mis ideales fueran semejantes a los de los actuales dirigentes del PNV, aun así no podría estar con ellos. Si yo fuera independentista vasco, no podría votar al PNV, por razones estrictamente morales.