Editorial

Separatistas a garrotazos

Porque al independentismo, Cataluña y los catalanes le han importado bien poco siempre y su movimiento solo camuflaba (ahora lo vemos más claro) el reparto del chiringuito resultante en forma de república

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Por primera vez desde que Artur Mas comenzó a activar el despropósito del «procés» hace ya siete años, el frente soberanista se resquebrajó ayer por la mitad y perdió dos votaciones, de carácter simbólico, que pedían al Parlament la reprobación del Rey y una propuesta sobre la autodeterminación de Cataluña. El motivo de la fractura es que ERC se niega a que se contabilicen los cuatro votos de diputados de JpC (Puigdemont, Turull, Rull y Sànchez) suspendidos por el juez Llarena por estar encausados por un delito de rebelión y malversación. Las tensiones entre los dos polos separatistas son antiguas y se han ido sofocando siempre cuando el cisma estaba a punto de estallar. Ayer fue imposible, y la ruptura debe marcar un antes y un después entre ambas facciones. Su lucha, en realidad, no es por «la libertad del oprimido pueblo catalán», esa sandez que maneja el grupo del lazo, sino por el poder, por mandar en el «procés». Porque al independentismo, Cataluña y los catalanes le han importado bien poco siempre y su movimiento solo camuflaba (ahora lo vemos más claro) el reparto del chiringuito resultante en forma de república. Si algo le hubieran importado no les daría igual el éxodo emprendido por más de 4.000 empresas y la sangría que se está produciendo en los inversores, amén del cisma social provocado entre los catalanes.

El bloque soberanista se queda en minoría en el Parlament. En cualquier otro sitio eso debería llevar a nuevas elecciones. Pero los catalanes están en manos de un Gobierno irresponsable, tanto o más que los dos anteriores del prejubilado Mas y del forajido Puigdemont. Porque va para un lustro que la Generalitat está secuestrada por un grupo de políticos iluminados que han decidido ponerse a tirar de cada extremo del lazo amarillo ahogando así el futuro de los catalanes.