Editorial ABC

El separatismo retrata a Sánchez

Sánchez no sabe lo que quiere. O sí, y lo oculta porque su plan pasa por poner la unidad de España en almoneda para repetir en La Moncloa

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La pretensión de Pedro Sánchez de revalidar una mayoría para su investidura en la que solo fueran suficientes los votos a favor de Podemos y del PNV tiene toda la lógica del mundo si lo que intenta es ofrecer una imagen de distanciamiento con el separatismo catalán. El PSOE es consciente de que cualquier asociación entre Sánchez y ERC o el PDECat es tóxica para sus intereses, tal y como se demostró en los comicios de Andalucía, donde más de 400.000 votantes socialistas cambiaron su voto o se abstuvieron. Sánchez asume que su imagen de cesión humillante al independentismo durante nueve meses fue perjudicial. Por eso ahora se empeña en hacer piruetas con una sobreactuada ostentación de españolismo. Pero todo es mercadotecnia política. Todo es una impostura electoralista para tratar de convencer a una parte sustancial de su electorado de que no está negociando bajo la mesa con la unidad de España. A día de hoy parece difícil que una hipotética investidura de Sánchez pueda sumar solo con un Podemos en barrena y con el PNV, que por cierto también ha vuelto a desempolvar sus eternas exigencias de autodeterminación. Una vez más Sánchez dice una cosa para hacer la contraria. Sencillamente, aparenta desdeñar al separatismo catalán marcando distancias, pero es absurdo e irreal pensar que no volverá a cortejarlo si lo necesita con tal de volver a ser presidente del Gobierno.

En su tradicional carrusel de confusión, el vicepresidente de la Generalitat, Pere Aragonés, negó ayer que, como él mismo había afirmado la víspera, Sánchez aceptara en sus reuniones con Torra la idea de que la única salida al conflicto pasa «por una solución validada democráticamente por los ciudadanos de Cataluña». «Y lo saben tanto -añadió- que el otro día se le escapó a Iceta». En efecto, Iceta propuso «encauzar» las reivindicaciones del separatismo a través de un referéndum si se lograba convencer al 65 por ciento de los catalanes. Sin duda, el PSC es rehén de la estrategia iniciada por ERC para «ampliar la base» del independentismo y para forzar así al Gobierno a ceder. Sánchez ya ha dicho en varias ocasiones que la solución de la cuestión catalana pasa «por una votación». Pero siempre fue deliberadamente confuso para no aclarar si en esa votación deben participar todos los españoles o no, si sería un referéndum de autodeterminación consentido por el Gobierno central solo para votantes catalanes, o si aludía a la votación de un nuevo Estatuto.

Sánchez no sabe lo que quiere. O sí, y lo oculta porque su plan pasa por poner la unidad de España en almoneda con tal de repetir en La Moncloa. Ni el PSOE ni el PSC engañan ya a nadie. No en vano, Iceta llegó a defender abiertamente en su programa electoral el «derecho a decidir». Si Sánchez necesita volver a humillarse ante ERC y PDECat lo hará. Blanco y en botella.