Señora, vaya a comisaría

Todos nos merecemos la presunción de inocencia, incluido Trump

Luis Ventoso
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Una teoría que no comparto sostiene que las personas de talento merecen cierta dispensa si se comportan como unos bordes. No es cierto que un rasgo de carácter común a los triunfadores sea el trato displicente a sus subordinados y colaboradores. Existen muchísimos personajes de valía y éxito que además son agradables, educados. Nada justifica patear por sistema la cortesía básica que posibilita la vida civilizada. Esa es una de las razones que vuelven desagradable a Donald Trump, con rabietas de adolescente enfurruñado, tics machistoides, despidos caprichosos de colaboradores (más de cuarenta ceses), insultos de gatillo rápido en Twitter... Políticamente, aunque es un brillantísimo demagogo populista, no conoce bien el universo tecnológico, donde se libra la liza del siglo XXI,

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