Secuestrados

Sea el golpe catalán o los taxistas, la moraleja es la misma: la fuerza de la razón sucumbe ante la razón de la fuerza

Isabel San Sebastián
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Somos rehenes. Peones indefensos en un tablero de juego que ha entronizado la coacción como argumento supremo. Paganos de un sistema aberrante cuyo perverso funcionamiento premia cualquier desafío a las normas mientras castiga sin piedad a quien las acata. ¿Y aún hay quien se sorprende de que ciertas posturas extremas, antaño repudiadas por serlo, resulten crecientemente atractivas a ojos de los ciudadanos? ¡Esto no ha hecho más que empezar!

Las calles de Madrid y Barcelona llevan varios días tomadas por hordas de taxistas furiosos que deciden a su antojo quién circula y quién no, además de provocar disturbios cada vez más violentos. No están en huelga, no. De ser así, se limitarían a no prestar su servicio, lo que reduciría

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