Una raya en el agua

La secesión mental

Un importante sector de Cataluña vive en estado de independencia psicológica, sin anclajes en la convivencia española

Ignacio Camacho
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El independentismo catalán está políticamente dividido y socialmente melancólico. Sus dirigentes esperan en la cárcel un veredicto que los mantendrá unos años encerrados y el horizonte de la república vuelve a ser un mito lejano. Sin embargo, un importante sector de Cataluña, territorial y demográfico, vive en estado de independencia psicológica, en una especie de secesión mental que impregna su comportamiento cotidiano. La insurrección ya no es una posibilidad que nadie contemple en serio a corto plazo, pero desde octubre de 2017 tampoco han aumentado en la comunidad los anclajes del Estado. Y pese a la evidente deflación del movimiento rupturista, patente ayer en la Diada, y a sus notorios problemas de liderazgo, los partidos que lo representan continúan siendo

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