Sánchez se toma a broma las elecciones

Resulta inexplicable que si realmente Pedro Sánchez cree en la «cocina» realizada por José Félix Tezanos al frente del CIS no convoque elecciones inmediatamente

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Pedro Sánchez volvió a generar ayer confusión e incertidumbre en España sobre un hipotético adelanto electoral. A primera hora de la mañana, el ministro de Fomento, José Luis Ábalos, dio pábulo intencionado a la idea de que las elecciones generales podrían celebrarse el 26 de mayo, junto a las europeas, autonómicas y locales. De inmediato, desde Rabat y a su modo, Sánchez trató de desautorizarlo recordando a Ábalos que disolver las Cortes es una atribución exclusiva del jefe del Ejecutivo, pero sin descartar a la vez que podrían celebrarse comicios generales en esa fecha. Como hace a diario, Sánchez sostiene una cosa y su contraria sin sonrojo ni rubor, aventando rumores como si la política fuese un juego, y sin tener en cuenta la inestabilidad que tanto desconcierto político puede causar en los mercados. Un día Sánchez asegura que su propósito es agotar la legislatura, al contrario de lo que dijo en la moción de censura. Otro día, su ministra portavoz afirma que este Gobierno, como cualquier otro, tiene la «obligación de mantenerse» a toda costa y niega la evidencia de que el Grupo Socialista en el Congreso solo dispone de 84 escaños. Poco después, Ábalos, que no es un ministro más, sino también el «número tres» del PSOE, alimenta la idea de que la legislatura podría concluir en mayo, algo que también ha asumido Pablo Iglesias. Sin presupuestos garantizados y con la anómala promesa de gobernar a golpe de «decretazo», es evidente que Sánchez sufriría un desgaste enorme si decidiese agotar el mandato y llegar en esas condiciones hasta la primavera de 2020. Además, resulta inexplicable que si realmente Sánchez cree en la «cocina» realizada por José Félix Tezanos al frente del CIS, no convoque elecciones inmediatamente, aprovechando además la amplia dispersión del voto de la derecha entre el PP, Ciudadanos y Vox.

En este momento, Sánchez ya es consciente de que no podrá aprobar sus propias cuentas públicas y de que, como máximo, tendrá que prorrogar las aprobadas por el Gobierno del PP. Por mucho que intentase maquillar los presupuestos con su promesa de alterarlos con decretos apoyados por Podemos y el separatismo catalán, y por mucho que repitiese su propagandística cantinela de que son unos «presupuestos sociales», el hecho no cambia: traicionaría su propia palabra (aunque eso lo hace a diario) y avanzaría con las cuentas aprobadas por el PP con tal de sobrevivir en el poder de modo obsesivo, lo cual no deja de ser un riesgo para la credibilidad del PSOE ante el elector de la izquierda. Si a ello se suma el grotesco espectáculo que cada día protagoniza alguno de sus ministros -el último, el de Calviño y su «chiringuito» inmobiliario a costa del resto de contribuyentes, desvelado por ABC-, Sánchez se arriesga a perder más crédito aún. Cuanto antes convoque elecciones, mejor para todos.