Sánchez entra en campaña

Los socialistas están actuando siempre cuando llegan al Gobierno después de un buen mandato del PP: despilfarran y luego endosan la factura de crisis a otro Ejecutivo de la derecha

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Pedro Sánchez ha entrado de lleno en campaña preelectoral y, como es norma en los socialistas, lo ha hecho tirando de gasto público. Ayer anunció en el Senado una subida salarial del 2,25 por ciento para los funcionarios públicos, que puede llegar al 2,75 en 2019. Lo que calló fue que los incrementos salariales para los funcionarios ya estaban incluidos en los Presupuestos Generales del Estado para 2018, presentados por Rajoy y que fueron aprobados por el PP, Ciudadanos y PNV. Sánchez tiene urgencias y la primera de ellas es taponar la hemorragia andaluza con más gasto público, para que no se extienda por el resto de España. A la subida salarial en la Función Pública se le sumará este viernes, en el Consejo de Ministros en Barcelona, la aprobación del nuevo salario mínimo, con un incremento del 22 por ciento y contra el que se han manifestado con preocupación expertos y empresarios. Todo esto va a ser ejecutado a golpe de real decreto, que luego permitirá al Gobierno someter al resto de grupos en el Congreso de los Diputados al chantaje político de no refrendarlo y ser señalados por los ciudadanos, o refrendarlo y ser cómplices de las bases para un alza del déficit público, del desempleo y de la desaceleración económica. La democracia parlamentaria está tocando mínimos con Sánchez en La Moncloa, y su Gobierno está sometiendo la potestad legislativa del Parlamento a un proceso de desnaturalización con el abuso de los decretos leyes. Los socialistas están actuando como suelen hacer cuando llegan al Gobierno después de un buen mandato económico del PP: despilfarran, mantienen el poder y luego endosan la factura de crisis a otro Ejecutivo de la derecha. La trampa de la izquierda a los ciudadanos es su «buenismo social» y su falta de respeto a la verdad económica sobre España. Dijo ayer Sánchez que «un país rico como España no puede tener trabajadores pobres», pero lejos de ser un reconocimiento de culpa por la nefasta gestión de la crisis por el Gobierno de Zapatero, es el enésimo ejercicio de travestismo político del PSOE, capaz de olvidar que, si alguna riqueza tiene hoy España, se debe precisamente a que el Gobierno de Rajoy procuró no dilapidar los efectos de la recuperación económica, todo lo contrario de lo está haciendo ahora el de Pedro Sánchez.

Y si estas decisiones aparentemente sociales van a tener una repercusión negativa, no menos lesivas van a ser en lo político las que está tomando nuevamente sobre Cataluña. No escarmentado de la lección andaluza, Sánchez no es capaz de asumir que su relación con los separatistas está en un callejón sin salida. La Moncloa persevera en la reunión de Sánchez con Torra, quizás especulando que será un gesto de distensión política y una manera de desenmascarar al presidente catalán. Cada vez que Sánchez ha hecho estos malabares las cosas han ido a peor.