Sánchez con Le Pen, como Mitterrand

Si no vienen en busca de mejores condiciones de vida ¿por qué no se quedan en su casa? Porque son inmigrantes, no migrantes

Ramón Pérez-Maura
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François Mitterrand fue aquel genio del socialismo europeo que tuvo una idea para perpetuarse en la Presidencia de la República Francesa –allí estuvo catorce años y murió escasamente ocho meses después de dejar el poder–. Mitterrand ganó su primera eleccion por la mínima. Pero la ganó, no como otros gobernantes de nuestro tiempo. Sabedor de su debilidad, buscó la forma de dificultar la vuelta de la derecha al poder. ¿Solución? Fomentar el auge de la ultraderecha de Jean-Marie Le Pen, un partido que en las legislativas de 1981 –el año de la llegada al poder de Mitterrand– sacó 44.000 votos y 0 escaños, y en las de 1986, con la ayuda de los socialistas en el Elíseo, logró 2.703.442 votos y 35 escaños. ¿Cuál fue el grano del que se alimentó la ultraderecha francesa que desde entonces ha tenido un crecimiento casi constante? Los problemas generados por la inmigración que ya dominaba importantes localidades francesas como Marsella y progresivamente muchas otras.

En España y durante décadas hemos vivido el problema de la inmigración –con perdón por el uso de ese término–. La corrección política pueden emplearla para otras cosas: según el diccionario de la Real Academia Española, inmigrantes son los que llegan a un país para instalarse en él o los que se instalan en un lugar distinto de donde vivían buscando mejores medios de vida. Ahora quieren llamarlos sólo «migrantes» (los que se trasladan desde el lugar en el que se habita a otro diferente) porque no quieren reconocer que vienen en busca de mejores condiciones de vida. Si no vienen para eso ¿por qué no se quedan en su casa? Porque son legítimos inmigrantes, no migrantes.

Ya sabemos, porque tenemos ejemplos en toda Europa, que la inmigración genera conflictos en todos los países en que se asientan comunidades sin voluntad de integración sino de fomentar sociedades multiculturales. Y eso ha generado el auge de partidos de ultraderecha, además de en Francia, en Alemania, (AfD), en Hungría (Jobbik, segundo partido del país), en Italia, (la Liga, segundo partido del país), en Austria (Partido Liberal, el tercero de la Cámara), en Holanda (Partido de la Libertad, tercero en votos empatado en escaños con el primero y el segundo) y otros ejemplos que podríamos recitar.

En España la alcaldesa de Madrid lleva años exhibiendo en Cibeles la pancarta Refugees welcome. Mas todos los llegados cabrían en un autobús. Pero ahora, Sánchez ha decidido que él va a resolver esto. Va a a instalar a esos inmigrantes que pasaron por España y no se quisieron quedar pese a la oferta de Carmena. Dice que es para ayudar a Merkel. Pero es para ayudarse a sí mismo dividiendo el voto de la derecha y fomentando una ultraderecha xenófoba. Mas recuerde Sánchez: buena parte del voto de Le Pen viene de la izquierda.

Ramón Pérez-MauraRamón Pérez-MauraArticulista de OpiniónRamón Pérez-Maura