Editorial ABC

Sánchez cede al chantaje de iglesias

Todo apunta a un Gobierno de extrema izquierda por primera vez desde la República con un solo objetivo: poner en jaque el sistema constitucional de 1978

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La fallida investidura de Sánchez parece prediseñada para que mañana, en segunda votación, sus socios de la moción de censura rectifiquen y le permitan formar Gobierno. Nada hay decidido aún, pero el anuncio de que tratará de recomponer en las próximas horas los añicos rotos con Podemos apuntan al primer Gobierno social-comunista de coalición en democracia. No obstante, lo ocurrido en el Congreso fue un sinsentido táctico para mantener en vilo a los españoles. Podemos evolucionó en cuestión de horas del «no» taxativo a Sánchez a una abstención oportunista que les permita en segunda votación hacer la pirueta de pasar a un voto afirmativo sin solución de continuidad. ERC, ferviente partidario de que Sánchez gobierne, votó paradójicamente «no», y el PNV elevó el listón de su eterno peaje con una abstención inocua que adelanta su pretensión de votar «sí» mañana, si finalmente un ejecutivo PSOE-Podemos les concede la mochila económica que desean.

El Congreso fue ayer una reedición del esperpento, hasta tal punto de que se dio la paradoja de que Irene Montero, propuesta como vicepresidenta de Pedro Sánchez, votó «no» al mismo presidente que le ofrece tal cargo. Nuestra política se ha instalado en una provisionalidad dependiente de políticos con un desparpajo sin límites. Sánchez e Iglesias son incapaces de fiarse uno del otro, y sin embargo España depende de ellos. Los españoles no son rehenes de una incertidumbre política sobrevenida que el PSOE y Podemos resolverán, o no, in extremis. Es mucho peor. Son rehenes de un chantaje moral de dos partidos incompatibles entre sí, envueltos en una pugna de egos irresoluble, que ni siquiera fueron capaces de ponerse de acuerdo en el reparto de sillones antes de la primera votación. A eso se reduce todo. Hoy Sánchez reúne a su Ejecutiva tras anunciar que hará una nueva oferta a Podemos para no verse obligado a convocar elecciones. Pero es la misma Ejecutiva a la que ya forzó a votar contra un «gobierno de coalición». Con tal de mantener el poder, Sánchez parece capaz de ceder a cualquier exigencia de Iglesias.

Está de más aventurar el éxito de la nueva negociación. Especular por especular carece de sentido, más aún cuando los negociadores son líderes tan dispersos, cambiantes y oportunistas. Solo una cosa es cierta: únicamente les importa alcanzar cuotas de poder real para sobrevivir, y no la añagaza de un «gobierno de progreso». Esa es solo la excusa de quienes pretenden repartirse La Moncloa sin pensar en las consecuencias para el déficit público, la prima de riesgo, la subida de impuestos, la huida de inversiones o la pérdida de empleo. PSOE y Podemos intercambian gestos a la desesperada. Pero todo apunta a un Gobierno de extrema izquierda para España por primera vez desde la República con un solo objetivo: poner en jaque el sistema de 1978.