La salchichería

Al abusar del secreto de Estado para encubrirlos, el presidente admite que parte de sus actos son semiclandestinos

Ignacio Camacho
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Como las leyes de transparencia no existían en tiempos de Bismark, el legendario canciller prusiano pudo decir aquello de que el pueblo no debía saber cómo se hacen las leyes ni las salchichas. Un siglo y medio después rige un muy distinto paradigma que obliga a los dirigentes a actuar bajo el abierto escrutinio de la ciudadanía. Fuera de los asuntos de seguridad nacional, el margen del secreto queda muy restringido en la economía y en la política; las empresas saben que la opacidad de gestión está mal admitida y hasta las fábricas de embutidos se someten a una normativa de etiquetado estricta. La calidad de una democracia se mide por su nitidez administrativa; sobre todo en materia de gasto

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