Ignacio Ruiz Quintano

El salami

Los pecios del comunismo, a la conquista del Estado de Partidos con la «táctica del salami»: comerse el poder a rodajas en vez de tragarlo todo de una vez

Ignacio Ruiz Quintano
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Los Pablemos (Pablo e Irene) tienen más marketing (las teles de Casals), pero menos glamour, que William Hurt y Kathleen Turner, y su versión comunista de «Fuego en el cuerpo» en el Congreso es basurienta. La pinza, según María Soraya, «funciona de cine», pero ni el comunismo podía llegar a más ni el marianismo a menos.

-Desengáñense -decía el flautista Salvador Boix, apoderado de José Tomás, a los críticos taurinos-: el toreo es marketing y glamour.

En España el comunismo es marketing de Franco, que en el 50 dejó de culpar a los masones para culpar a los comunistas, y glamour (luto español) de Ibárruri. Ni una mala palabra ni una buena acción.

-¡Abajo la República burguesa! -fue el grito comunista en el 31.

En el 36, y en palabras de Joaquín Maurín, el PC era «populachero, demagógico y comunista sólo de nombre»:

-A mediados de julio de 1936 correspondía al PC: 1) Misión: convertir a España en una dependencia rusa; 2) Historia: lamentable, negativa; 3) Éxito: ninguno, salvo el Frente Popular, puramente electoral; 4) Fuerza sindical: nula. 5) Proyección intelectual: nula; 6) Fuerza obrera proporcional: 2,5 por 100. 7) Representación parlamentaria: 3,5 por 100. 8) Líderes: Droz (suizo), Codovila (argentino), Rabaté (francés), Stepanov (búlgaro)… Después, nada. Y un poco más allá, Díaz e Ibárruri.

Sobre la actuación del PC en la guerra es una pista que Stalin, que no quería testigos de sus manejos en la contienda, fusiló a todos los comisarios relacionados con España.

«Gobierno Negrín, ¿dónde está Nin?», pintaban los poumistas en las paredes de Barcelona. «En Salamanca o en Berlín», escribían debajo los comunistas, siempre con buena mano para el humor negro.

En junio de 2017, los pecios de aquella ideología aspiran a la hegemonía en nuestro Estado de Partidos mediante lo que el húngaro Mátyás Rákosi llamó «táctica del salami»: comerse el poder a rodajas en vez de querer tragarlo todo de una vez, pretensión de Pablemos en enero del 15.

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