Rusia, Rusia

DARIO VALCÁRCEL
Actualizado: Guardar
Enviar noticia por correo electrónico

LA Fundación Marcelino Botín dirigía este mes, en Madrid, un seminario sobre Rusia. Hablaron, entre otros, Igor Ivanov, ministro de Asuntos Exteriores de 1998 a 2004; Andrei Gratchev, hombre clave con Gorbachov, curiosamente joven; Lilia Shevtsova, miembro del Carnegie Endowment; y el perspicaz embajador en Madrid, Alexander Kuztnesov.

La Unión Europea no está dispuesta a llevarse mal con Rusia. Hay demasiadas experiencias históricas, costes insoportables. Pero tampoco está dispuesta a ser un socio complaciente. Europa avanza despacio y en silencio en sus proyectos de defensa: Quizá dé un gran salto adelante una vez se apruebe el Tratado de Lisboa. El anterior canciller alemán, Gerhard Schröder, no es un submarino de Rusia en las redes gasísticas. Estas son necedades, simplificaciones que no tienen cabida en el exigente territorio de las relaciones internacionales. Los acuerdos entre estados están sometidos a reglas estrictas, imposibles de burlar. La administración americana de los años 2001/2008 es ya el pasado. Vean la página web del inmediato futuro, Obama, Geithner, Emanuel, Podesta... El petróleo ruso y el gas han bajado el 80 por ciento en los dos últimos meses. Es una revolución para las bolsas de valores. Aunque no todo depende de las bolsas, ni de la oferta-demanda. Hay otros intereses, aunque algunos no los recuerden.

Para entender lo que es Rusia, vean El arca rusa, la maravillosa película de Alexander Sokurov. Rusia aguanta y aguanta. Rusia puso 26 millones de muertos sobre la mesa para vencer a la Alemania nazi (nueve millones de muertos: conviene recordar las cifras). Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia no cedieron ante el bloqueo ruso de 1948. Estados Unidos organizó sobre Berlín el puente aéreo mayor de la historia. Después de 11 meses, en mayo de 1949, Stalin levantó el cerco. Han pasado 60 años de aquello.

En la Fundación Botín hubo un denominador común: es necesario respetar a Rusia. Pero Europa sabe aguantar. Por eso, la clave de lo que hace hoy Europa está en la Agencia Europea de Defensa, un ente presidido por Javier Solana, al margen del Tratado de Lisboa.

La llegada de Vladimir Putin en 2000 y el desembarco de Dimitri Medvedev, ocho años después, representan una evolución. Boris Yeltsin, anterior presidente, vagaba por el empíreo cada tarde, a partir de las 14.00 h. La diarquía Medvedev-Putin representa una evolución esperanzadora. Pero hay un antiguo problema estructural, insoluble en el corto plazo: «Somos un país en el que la voluntad de cumplir la ley no está arraigada. Cabría hablar de un nihilismo legal, una tradición que no es de hoy. Necesitamos conseguir que los ciudadanos entiendan que las leyes son lo más importante. Si no se cumplen las leyes, nuestro país no se desarrollará». Estas palabras del presidente Medvedev marcan los límites de maniobra, el riesgo de operaciones no ya mercantiles, sino de alcance estratégico.

Rusia es una sociedad dependiente en gran medida de sus minerales. Tiene una reducida clase empresarial que viaja en Rolls Royce, practica el glamour y tiene a criminales, presidiarios, exiliados, mezclados con Louis Vuitton. En Europa hay focos de corrupción pero Rusia está, según Transparency Internacional, en el puesto 143 del mundo, precedida por Siria y Pakistán, seguida por Angola y Nigeria. Es, como escribía Zbigniew Brzezinski en Política Exterior, Septiembre 2008, el primer país del mundo en extensión territorial, pero el 79 en PIB por habitante, precedido por Botswana, seguido por Líbano; el 119 en esperanza de vida, precedido por Guayana, seguido por Santo Tomé y Príncipe.

Estados Unidos y la Unión Europea necesitan que Rusia siga el lento camino emprendido por Putin: modernizar el país por medio del respeto a la ley y a la independencia de los jueces. El asesinato de Anna Politkovskaya y de 26 víctimas más, muertas por los sicarios en 2000-2004, nos recuerda lo que a Rusia le queda por recorrer.

José María Aznar tiene quizá interés personal en facilitar a los rusos el control de Repsol, comprado a Sacyr-Del Rivero. Los intereses de Aznar no han sido publicados. En su intervención del sábado, ante las Jóvenes Generaciones del Partido Popular, anunció que se referiría a cuatro capítulos de la vida nacional, pero pasó en silencio el asunto Lukoil, con diferencia el más grave del momento.