Rovellons

En Madrid la derecha cree que la cultura es una industria catalana, como los rovellons de Saza

Ignacio Ruiz-Quintano
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En este cuento infantil que es la política municipal en el Madrid Central de Carmena, el pequeño Almeida hace de Willie fiel a la abeja Maya, Villacís. Tienen gracia, porque ocupan el despacho de Gallardón en Cibeles, réplica del aparcamiento de la T-4 en Barajas, y a Ortega Smith, que los ha colocado ahí, lo envían a una guardilla («¡El Palomar!») de la calle Mayor a darse coscorrones. Lo llaman liberalismo, y su desafío es… la cultura.

Para Malraux suyo, el pequeño Almeida ha elegido a Andrea Levy, natural de Barcelona. En Madrid la derecha cree que la cultura es una industria catalana, como los rovellons o los porteros automáticos de Saza en «La escopeta» de Berlanga, y por eso

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