Romper el espejo

La extrema izquierda siempre encuentra coartadas para simpatizar con tiranos, pero otra cosa es defender a un payaso

Ignacio Camacho
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A los tardocomunistas españoles les cuesta condenar a Maduro porque representa una parte de su reciente pasado, porque temen -al menos sus dirigentes- que el régimen bolivariano saque a relucir incómodos datos de mecenazgo, porque se les hace difícil darle la razón a sus adversarios y porque resulta duro admitir que el modelo con el que se han identificado contra viento y marea durante años conducía a un descomunal y clamoroso fracaso. Pero también porque, en el fondo, esa degradación los desaira a ellos mismos por haber elegido un referente tan zafio como heredero de la mística revolucionaria que sus padres simbolizaron en el Che Guevara y Fidel Castro, tipos ciertamente siniestros pero capaces de mantener un indiscutible halo carismático.

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