El rojo

Este José Luis Rodríguez Zapatero que viene jugando a ser líder de los que

CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS
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Este José Luis Rodríguez Zapatero que viene jugando a ser líder de los que militan en la antiEspaña, pastor rojo de terroristas dialogantes, pensó que con la misma impunidad y parejo éxito podría llegar a ser el educado «primus inter pares» de los populistas criollos y el máximo detractor del Imperio. La traición como método. Porque ¿quién puede ganarle a uno en la negación de lo propio? Zapatero es ese español que llama Conquista al Descubrimiento de América y que pide perdón en Santiago de Chile por hablar en castellano; que se olvida de la grandeza del Padre Vitoria y busca textos autocríticos en el Padre Las Casas; devoto seguidor de la Leyenda Negra; el europeo que llama desde el norte de África a la deserción en Irak; el laicista que convertiría las catedrales en mezquitas; el feminista que hace pared con los que preconizan la ablación del clítoris; el que se erige en defensor del diálogo de civilizaciones con el voto de los que no creen más que en la propia.

Zapatero es un resumen de todos los complejos de la izquierda en sus horas más bajas. En realidad es un libro abierto de todos los tópicos. Una vuelta de tuerca. Un plus. Un retorcimiento. No le duele España porque ni siquiera la siente. Tan negador es de lo nuestro que busca asesores entre los premios Nobel para no tener que hacerlo entre los Príncipes de Asturias. Le gusta más Bárbara Probst Salomon que Miguel Delibes o incluso Benet si estuviera vivo. A Zapatero le gusta Gamoneda porque abre la boca mientras come.

En su poquedad biográfica como líder, Zapatero necesita crearse enemigos «fascistas»: Aznar en su tierra y Bush en la cabeza del Imperio. ¿Acaso no reniega de la ciudad en la que le parió su madre por una cuestión de imagen política? Porque Zapatero es de esos vallisoletanos masoquistas a los que les gusta decir «fachadolid». Un resentido de diseño.