La risa de los augures

Por JAIME CAMPMANY
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VA a resultar que tenía razón Catón el Viejo. Conocemos gracias a Cicerón, Dios se lo pague, una frase divertida de Catón el Viejo: «Dos augures no pueden mirarse sin echarse a reír». Así deben de estar, mirándose el uno al otro y ambos muertos de risa, esos dos acreditados augures modernos, el Ipsos-Eco Consulting y el Sigma Dos. Los citados institutos sociológicos han publicado, uno aquí, en estas páginas de ABC, y el otro en las de «El Mundo», los primeros sondeos electorales que salen a la luz después de la tormenta de la guerra de Iraq, que ya llovía sobre mojado por lo del «Prestige».

Muchos somos los celtíberos que teníamos interés, o al menos curiosidad, por conocer hasta dónde llegaba el posible bandazo del electorado tras los dos episodios citados, el del chapapote de Galicia y el de pitote del Iraq. La oposición política, representada sobre todo en ese tándem donde corren hacia La Moncloa Zapatero y Llamazares, huérfana de otros argumentos más directos y de otras acusaciones más razonables, hicieron de aquellos trances su caballo de batalla. Zapatero y Llamazares, ¡al fin juntos!, intentaron echar sobre la cabeza de Aznar la responsabilidad de que el «Prestige» se hubiese hundido y de que Bush le hiciese la guerra a Sadam. «Pare usted la guerra», le gritaban a Aznar desde sus escaños, como si Aznar manejase el rayo de la guerra con la misma facilidad de Júpiter.

La iniciativa de consultar los auspicios en este momento era, desde luego, oportunísima, y los ciudadanos, siempre deseosos de adelantarse en el conocimiento del futuro, esperaban el informe de los augures. Pero lo chocante es que yo no sé cuáles águilas miraban unos augures y cuáles observaban los otros, que unas volaban hacia levante y las otras hacia poniente. O sea, que las águilas consultadas se toman el chocolate de espaldas. Las ocas capitolinas de uno de los dos colegios de augures presentaban el hígado sano y limpio, y el hígado de las otras mostraba más manchas que un deshollinador. Y unos pollos sagrados se alejaban aleteando del maíz y del amasijo de salvado, mientras los otros se ponían el buche como el de Luciano Pavarotti. A unos augures les temblaba la tierra bajo los pies, y a los otros se mantenían tan firmes y panchos sobre la pradera inmóvil.

Y lo mismo tiene que haber sucedido con todas las señales para interpretar los auspicios. Porque mientras que Ipsos-Eco Consulting le sale que el electorado le ha dado la vuelta a la tortilla y que los socialistas ganan al PP por más de cinco puntos (5,3 exactamente), Sigma Dos profetiza una victoria de los populares por dos puntos y medio (2,5). Nos es baladí la diferencia, porque alcanza a casi ocho puntos (7,8, para la precisión).

O sea, que esto de los augurios es como el coño de la Bernarda. Lo que hacía Julio César era sobornar a los augures para que predijeran lo que le convenía. Bien es verdad que los dioses le castigaron por ello, y el propio César no hizo caso de los malos augurios en el amanecer del 15 de marzo, la fatídica fecha de los idus. Al final, fueron acusados de charlatanes, los colegios disueltos y se convirtieron en Rappel y en Aramis Fúster.