Ricos y pobres

JOSÉ MARÍA CARRASCAL
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DESPUÉS de haber sacado dinero a los más pobres, Zapatero quiere sacárselo a los más ricos. A la semana de anunciar su primer recorte y a las 24 horas de negar su vicepresidenta nuevas cargas fiscales, nos anuncia un aumento de impuestos, aunque advirtiendo que afectará sólo «a los que más tienen», sin tocar las clases medias. Afán laudable, pero, desgraciadamente, alejado de la realidad. La realidad nos dice que los impuestos los paga siempre la clase media, al ser la más extensa y la más fácil de ordeñar, al cobrar por nómina. Los más ricos y los más pobres tienen bastante fácil evadir impuestos. Los más pobres, por el hecho de serlo, hasta el punto de que muchos de ellos están exentos de pagarlos. Los más ricos, porque encuentran mil formas de no hacerlo o hacerlo sólo de forma testimonial. Si Zapatero grava de verdad las grandes fortunas, asistiremos a una huida de capitales. Si no las grava, estaremos ante escenografía para recobrar su imagen «social». En ambos casos, el aumento de la recaudación será insignificante. Ya nada insignificante, sin embargo, es que deja en evidencia que la cura de caballo que impuso la semana pasada a la economía española no basta.

Esto es lo intranquilizador. La economía española está peor incluso de lo que decían los más pesimistas. La fría acogida que está teniendo en los mercados la deuda soberana española es la mejor prueba de la desconfianza que inspira, y el presidente se ha decidido atajarla aumentando la dosis de la misma medicina.

Lo malo es que puede ocurrirle lo que las veces anteriores: que siga aplicando remedios falsos. Lo que necesita nuestro sistema productivo no son nuevos impuestos, sino ajustes profundos y calculados, reforma a fondo del mercado laboral, recortes todavía más a fondo del aparato administrativo, que ha crecido hasta el punto de ahogar la economía real y productiva. Por «aparato administrativo» no entiendo sólo el funcionariado, duplicado en algunos sectores e insuficiente en otros vitales, como la justicia. Me refiero a un gobierno sobredimensionado, donde sobran dos vicepresidencias y unos cuantos ministerios, al enjambre de asesores, consultores, muñidores, a los organismos parasitarios, como el PER, que por una parte distraen ingentes cantidades del presupuesto, mientras por la otra reducen el estímulo y la iniciativa en la economía productiva.

Si Zapatero quiere ser creído, tiene que empezar aplicando el reajuste en casa. No me refiero a sus gastos domésticos, sino a los cargos que le rodean por todas partes. Pero de eso, ni palabra. Habrá que esperar la tercera ola de ajustes. Aunque entonces, puede que sea demasiado tarde y estemos, no ya en el furgón de cola, sino fuera de juego. Quiero decir, fuera del euro. Por no haber hecho los deberes.