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La tajante purga del susanismo en las listas es una forma inequívoca de señalarle a Díaz la puerta de salida

Ignacio Camacho
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La ley de los vencidos, la más implacable de las que rigen en política, está empezando a caer con todo su peso sobre Susana Díaz. La vendetta procede, como casi siempre, de donde más duele, que es de las propias filas. Desde que perdió el poder en Andalucía resultaba evidente que el susanismo iba a ser depurado en las candidaturas del PSOE como prólogo de una laminación progresiva. Ocurrió ayer, cuando el Comité Federal pasó por encima del aparato andaluz en la composición de unas listas que Sánchez ha confeccionado a su medida. Díaz había intentado desafiar al líder con votaciones internas que desplazaban a los sanchistas, pero la dirección nacional no se ha avenido siquiera a negociar un compromiso

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