Rice, sobre el ataque a Irán

CONDOLEEZZA Rice desmentía el 1 de junio los rumores sobre ataques aéreos a

DARÍO VALCÁRCEL
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CONDOLEEZZA Rice desmentía el 1 de junio los rumores sobre ataques aéreos a Irán. Las hipótesis militares partían del entorno del vicepresidente Cheney. Desde mayo avanzaban in crescendo. Algunos leales al fenecido Donald Rumsfeld difundieron también la especie en el Pentágono, en estas últimas semanas. No era una intoxicación más. Robert Gates, sucesor de Rumsfeld, tardó unos minutos en poner orden. Desde Europa, continente atrasado en esto, observamos los movimientos de Washington como determinados por una carga ideológica: y no es así. La carga es de composición factual. La carrera de los hechos, a veces fuera de control, determina todo y empuja a la decisión. Bush o Cheney son cabezas ajenas a las ideologías. Por eso, sin curiosidad histórica, sin lecturas sistemáticas, el peligro se agudiza insoportablemente con el tiempo (aquí el columnista piensa «todo esto es absurdo, resumir a los maestros en unas líneas, tres volúmenes del gran Alexandre Koj_ve, Essai d´une histoire raisonnée de la philosophie païenne»...).

La Casa Blanca compró la doctrina neoconservadora, poco valorada en el mercado (luego hubo de deshacerse de ella). Los neocon eran discípulos de Leo Strauss, inspirador de un grupo heterogéneo en el que el profesor Paul Wolfowitz fue figura epónima, aunque tuviera la mala fortuna de mezclar un asunto amoroso con una caso de corrupción (antes habían caído en ese mismo saco Richard Perle y muchos otros). Esto alarma en Europa, corrupta durante siglos, hoy adicta al Derecho, antídoto del caos. En esto, el Viejo Continente es más moderno. Pero la alarma se extiende sobre todo a la mitad (o más) de Estados Unidos, decidida a rechazar la total preeminencia del dinero. Preeminencia sí, claro, pero no total (como el oxígeno: no vivimos sólo para el oxígeno, también existe «Una noche en la opera», «Sein und Zeit», etc.).

Volvamos: Rice era tajante y explícita. Es muy conservadora. Pero los neocon provocan en ella reacciones alérgicas. El 1 de junio Rice hablaba de las amenazas militares a Irán para advertir: «El presidente de los Estados Unidos ha dejado claro que estamos en un terreno (course) diplomático». Y enfatizó: «Esta política (policy) es apoyada por todos los miembros del gabinete y por el vicepresidente de los Estados Unidos». El sordo, mudo pero no ciego enfrentamiento Rice-Cheney es, al mismo tiempo, desconcertante y marginal. Cheney empuja a Bush a intervenir militarmente pero elige mal a sus aliados (John Bolton, ex embajador ante la ONU, al que el secretario general hubo de echar, ante sus gritos, puesto de pie en su despacho). Rice mantiene a Bush en el convencimiento de que sería gravísimo violar el Derecho Internacional nuevamente en Irán. Grave e inútil: no se pueden bombardear 600 pequeños laboratorios duplicados, diseminados por el país. Estados Unidos no quiere invadir Irán. El Organismo Internacional de la Energía Atómica despliega un duro régimen de sanciones y un proceso de estricta vigilancia. El U-3 (Alemania, Francia, Reino Unido, con Solana y el respaldo italo-español) espera llegar a un acuerdo con Ari Larijani, negociador nuclear, no con el presidente Ahmadineyad. El presidente dirige el gobierno, pero es uno de los siete centros de poder, coordinados bajo el Líder. ¿Podrá Irán tener la bomba? En abstracto sí, en un plazo de cuatro a ocho años, según el director del OIEA, Mohamed ElBaradei, (entrevista de B. Bergareche, ABC, 17.05.07), aunque esto pertenezca al terreno de las abstracciones. Luego está la realidad. Para colocar una bomba nuclear en un objetivo es necesario disponer de una red equiparable a la de las sociedades avanzadas: vectores, óptica de última generación, satélites, ingeniería electrónica, economía competitiva, administración moderna... Un entramado del que disponen, imperfectamente, Estados Unidos y Europa. También, a medias, concentrada ahí toda su capacidad organizativa, Rusia y China (empezaron hace medio siglo). También, como puede, el pequeño Israel, a quien, ante el cerco, el general De Gaulle dio el manual nuclear. India empieza a avanzar en esa dirección, a la que pudiera llegar en 2050 (la fuerza atómica estará abolida entonces). Pakistán, Corea del Norte o Irán tardarían tres a cuatro generaciones. La presencia de tres portaaviones y 60 buques americanos en el Golfo podría ser solo simbólica. Quizás. Hay problemas en este mundo que no tienen solución.