La ría de Ribadeo

GONZALO ANES, Director de la Real Academia de la Historia
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CON motivo de la concesión, por Su Majestad el Rey, del título de marqués de la Ría de Ribadeo a Don Leopoldo Calvo-Sotelo, son frecuentes los comentarios sobre la denominación de esta merced. Hay quienes la consideran inexacta para designar el estuario en que se juntan las aguas del Eo con las del mar Cantábrico. Se dice que el verdadero nombre de ese entrante marítimo, que es también amplia desembocadura de la legendaria corriente de agua, es el de ría del Eo. Tal afirmación no responde a la realidad histórica.

Sin ser especialista en toponimia, aunque sí admirador de quienes cultivan esa disciplina, me decido a tomar la pluma para terciar en el debate, hasta ahora verbal, aunque con entidad suficiente como para que a alguien se le ocurra defender por escrito la denominación Ría del Eo, con pretensiones de vincularla a la más remota antigüedad.

Afortunadamente, las denominaciones Ría de Ribadeo y Ría del Eo no son topónimos oscurecidos por el paso del tiempo a causa de la evolución propia o por cambios en la lengua que los originó. Los nombres de lugar, en estos casos, pueden hacerse incomprensibles u opacos. Dan lugar tales situaciones de opacidad a que se atribuya a los topónimos cuyo significado se ha perdido por evolución, o por haber desaparecido la lengua originaria, a versiones actuales fundadas a veces en falsear el pasado, dando por buenas versiones míticas que no tienen nada que ver con la verdad histórica. Como ejemplo, se me ocurre ahora señalar el del significado que se dio en tiempos al topónimo Navia, villa situada en la desembocadura del río del mismo nombre, en el Principado de Asturias: una versión que contó con aquiescencias hacía derivar el topónimo de Noega, «por haber sido Noé su fundador». Igual origen tendría Noya, en Galicia. Genealogistas de los siglos XVII y XVIII no vacilaron a veces en atribuir tan pintorescos orígenes a determinados topónimos, e iguales libertades se tomaron respecto al origen de familias cuyos ascendientes remotos no dudaron en situar en tiempos de los godos, o de los romanos, o -ya en el delirio de la imaginación- en vincularlos a personajes bíblicos. Con el topónimo que designa la masa de aguas dulces y saladas del espacio en que se juntan las del mar y las del Eo no tenemos ese problema de opacidad. El significado de ría no ofrece dudas. Ribadeo no significa otra cosa que lugar situado más allá del Eo. En cuanto al significado de Eo, los autores suelen coincidir en considerar que el topónimo es de origen prerromano y resultado de una evolución que, según las fuentes documentales más antiguas, habría derivado de Iuve (año 755) a Euve o Heuve (año 878) y a Obe (años 905, 906 y posteriores) que conserva actualmente la feligresía de San Juan de Obe, situada en la orilla izquierda de la ría.

Es asunto que merece una explicación el de las designaciones de las distintas masas de agua del noroeste y norte de España, tanto en Galicia como en toda la costa cantábrica, a las que afluyen los ríos. Esas masas de agua no recibieron nunca el nombre del río al que sirven de desembocadura, por un localismo explicable en las costumbres de las gentes que viven en las orillas de las grandes corrientes de agua. Los habitantes de los pueblecitos de los distintos valles no designan nunca el río con el sustantivo con el que se conoce en geografía. Para ellos, la corriente de agua es el río grande, y así lo distinguen de los ríos pequeños, sus afluentes.

Para designar las aguas de los estuarios en los que desembocan los ríos del norte y noroeste de España, se utilizó siempre el nombre de la ciudad, villa o pueblo más importante situado a sus orillas, en las cercanías del mar. Así, la desembocadura del río Verdugo se conoce y conoció siempre como ría de Vigo. La del Lérez, como ría de Pontevedra; la del Ulla, como ría de Arosa; la del Tambre, como ría de Muros y Noya; la del Jallas, como ría de Corcubión; la del Alcazán, como ría de Camariñas; la del Ayones, como ría de Cerme y Lage. Las rías de la Coruña, Betanzos, Ares y Ferrol corresponden a los ríos Mero, Mandeo, Eume y Jubia. En las rías de Cedeira, Santa Marta de Ortigueira, Barquero, Vivero y Foz desembocan varios ríos, entre los que destacan Punta de Cabo, el Mera, el Sor, el Landrove y el Masma. En las rías de Avilés, Ribadesella, Tina Mayor, Tina Menor, San Vicente, Santoña y Bilbao desembocan los ríos Alcores, Nalón, Sella, Deva, Nansa, Escudo, Asón y Nervión. Parecería exceptuarse la desembocadura del río Navia, pues se denomina ría de Navia, por la villa de ese nombre, la única existente en la desembocadura. Y es ría de Navia y no del Navia, como habría de designarse si correspondiera al río. Por consiguiente, la desembocadura del Eo recibió siempre, y debe recibir hoy la denominación de ría de Ribadeo, ya que esa villa es la más cercana a la costa, y más populosa que las otras dos situadas en las orillas de la gran masa de agua: Figueras y Castropol. Ribadeo, y las poblaciones citadas, dieron nombre a las rías por costumbre de las gentes de mar que llegaban con sus embarcaciones a los puertos o que salían de ellos.

Los viejos mapas -impresos y manuscritos- las cartas marinas, coinciden en designar la desembocadura del Eo como Ría de Ribadeo. En las magníficas colecciones de mapas de la Real Academia de la Historia, hay una amplia muestra de esas denominaciones para convencer a los reticentes. En el Atlas Marítimo de España de Vicente Tofiño de San Miguel (1789) hay una excelente carta de la Ría de Ribadeo fechada en 1788. Por si no bastaran los mapas, cabe recordar que, en el viejo Diccionario geográfico-estadístico de España y Portugal, de Sebastián de Miñano, en el tomo III, (1826) se describe brevemente Eo como «río de España, en Galicia" que nace en el valle del Pedroso en la provincia de Lugo, siguiendo su curso hacia el norte, después de entrar en la provincia de Mondoñedo «por tierra de Miranda». En el lugar de Conforto, "principia a servir el mismo río de línea divisoria del Principado de Asturias por espacio de tres leguas y media, formando la ría de Ribadeo, a cuyo extremo está la villa de este nombre que es la primera de Galicia por aquella parte». Pascual Madoz, en su Diccionario (tomo XIII, 1849), también describe el Eo y señala que, al llegar al lugar y barca de Porto, «desemboca en la ría de Ribadeo». A pesar de estas realidades de la historia, ocurre que, en conversaciones y hasta en escritos, se utilice ría del Eo para designar la desembocadura de la corriente fluvial, aunque tal uso sea contrario a la tradición de siglos. Su Majestad el Rey, además de premiar a Don Leopoldo Calvo Sotelo con la merced de marqués de la Ría de Ribadeo, con tal denominación ha sido fiel a lo que resulta de la historia y de la geografía.