De una revuelta imbécil

En esa nada habla elocuentemente nuestro tiempo. Allá donde no hay palabra, la imbecilidad desborda

Gabriel Albiac
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No hay programa, no hay contenidos. Por no haber, no hay siquiera una tabla de reivindicaciones. Hay, eso sí, un rechazo. Físico. No parecen precisar respaldo conceptual alguno, los chalecos amarillos. Ni lógica ni discurso, bien o mal trabado: ausencia de palabras y de criterios. Ni siquiera la venerable tradición de los manifiestos insurreccionales da cobertura a estos semanales choques, que han ido alcanzando un grado de violencia como no se recordaba en la Francia reciente. Van ya 23 sábados insurreccionales: cinco meses. Y nadie sabe aún -no lo saben los actores- qué busca conseguir esa brutalidad descodificada.

Descodificada, sí. Pero perseverante: cinco meses de sábados insurreccionales, que ni siquiera se toman el esfuerzo de disimular su mística de la

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