La revolución demediada

La derecha ha perdido de vista a Podemos pero está más cerca que nunca del Gobierno. Sin alarma ni estruendo

Ignacio Camacho
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Volvió de una baja voluntaria de paternidad en el chalé de Galapagar como si regresara de las Termópilas o de haber peleado con el mismo diablo a las puertas del infierno. Con una autocrítica en plural -«hemos dado vergüenza»- que aliviaba su propia responsabilidad en el descontento, y con esa gestualidad tan suya de puño apretado y hosco entrecejo. Pero su discurso delataba que Pablo Iglesias ya no viene a tomar por las bravas el palacio de invierno sino a hacerse cargo de tres o cuatro ministerios. Y no como némesis de Sánchez sino como su subalterno. El líder que iba a asaltar los cielos se conforma con repartir unos cuantos cargos entre Echenique, Verstrynge o Monedero para que administren

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