El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, junto a las banderas de la Unión Europea, de España y de Cataluña
El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, junto a las banderas de la Unión Europea, de España y de Cataluña - EFE
EDITORIAL ABC

Los retos de España y el partidismo

La nación tiene ante sí problemas más importantes que las cuitas mutuas de dos partidos tan parecidos como PP y Ciudadanos

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La concentración del voto constitucionalista en la candidatura encabezada por Inés Arrimadas se aprecia claramente en los datos que ofrece el estudio de GAD3 que hoy publica ABC sobre las transferencias de voto entre partidos en las elecciones del 21-D. Ciudadanos retuvo el 92 por ciento del voto que recibió en 2015 y además sumó el 48 por ciento de los apoyos del Partido Popular. Dicho de forma más sencilla: casi la mitad de los votantes del PP en Cataluña decidieron apostar esta vez por Ciudadanos. Los socialistas también tuvieron una significativa lealtad de voto, con el 75 por ciento. Por su parte, los populares pueden poner en cifras su debacle electoral: sólo retuvieron al 47 por ciento de los que lo apoyaron en 2015.

Ante un seguimiento tan inequívoco de los caminos tomados por los votantes constitucionalistas, el PP necesita reflexión interna, como asumen en público y en privado muchas de sus voces destacadas. La retención de menos de la mitad del voto de 2015 en Cataluña significa para el partido del Gobierno algo más que una fuga coyuntural de voto útil a favor de Ciudadanos. Implica, guste o no a sus dirigentes, aceptar este diagnóstico, que una parte amplia de su electorado percibe que podría perder parte de su hegemonía en el centroderecha en favor de la fuerza de Rivera. No hay nada más torpe en un sistema democrático que culpar de la propia derrota a los partidos que ganan, en primer lugar, porque es una obviedad; en segundo lugar, porque entraña una ausencia total de comprensión del juego político en democracia.

Pero dicho lo anterior, hasta que haya elecciones generales será un incógnita el impacto real a escala nacional de la victoria de Ciudadanos en Cataluña y de la debilidad del Partido Popular, porque son dos fenómenos que, aun estando relacionados, tienen su propia valoración diferenciada. El PP, con sus problemas, sigue siendo un partido más sólido y referencial que Ciudadanos. No es prudente adelantar acontecimientos porque entre 2015 y 2016, el PP mejoró sus resultados en los comicios nacionales en proporción similar a como los empeoró Ciudadanos.

En esta ocasión, la defensa de la Constitución y de la unidad nacional, la confrontación con el nacionalismo y la exposición de candidatos con gancho fueron capítulos ganados claramente por Ciudadanos frente al Partido Popular. Pero la política es muy volátil en España. La mejor noticia para el país sería que dos partidos españolistas de ideario muy parejo se entendiesen para encarar los auténticos retos de la nación, que no son las cuentas electorales de uno y otro. En lugar de vituperarse mutuamente harían bien en colaborar frente al auténtico adversario, que está bien claro quién es.