Reglas de convivencia

La neutralidad del mensaje real navideño no incluye una patente moral ni legal para la burla del Estado de Derecho

Ignacio Camacho
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En los discursos del Rey, a diferencia de los de los políticos, caben todos los que quieran caber porque se mueven sólo en el terreno de los principios. Eso no significa que sean ambiguos -ya lo hubiese querido hace un año el independentismo- sino que la Corona está obligada, como poder simbólico, a expresarse en términos inclusivos. La ausencia de sesgo ideológico es su gran valor, el que da fortaleza y sentido a su continua apelación al espíritu de concordia del constitucionalismo. Nunca faltan los que prefieren sentirse excluidos, pero la neutralidad es el requisito esencial para que la institución monárquica goce de legitimidad de ejercicio. Su función, a menudo desdeñada, es la de señalar el camino, sin otra capacidad

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